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Narrativa

Instantes

guerra

Por: Berenice Hernández

 

Dirá que me voy a morir y no le creeré hasta que sienta sus manos intentando asfixiarme. Al ver que eso no funciona, me golpeará con un martillo en la cabeza y mi sangre escurrirá manchando las sábanas. Dirá que todo es mi culpa; no debí estar antes que él en la vida de mamá. Me echará en cara que recibo más atención de la necesaria, que ha gastado demasiado dinero en mí y ahora tendrá que cobrármelo.

Abriré la puerta, veré sus ojos y su pene asomándose, hinchados y furiosos. Gritaré fuerte pero me tomará del brazo, comenzará a escupir, me lanzará sobre la cama para luego amarrarme. Antes de que lo haga, me zafaré e intentaré escapar por la ventana. Me tomará de los cabellos, arrancando unos cuantos y mostrándome que son igual de frágiles que el resto de mi cuerpo.

Mamá tardará más de lo habitual haciendo las compras. Para cuando llegue, yo estaré en la cajuela del coche y él dirá que me fui otra vez con esos vagos, con las zorras de mis amigas. Pero nada opacará la alegría de mamá. Confiará en él porque nunca le ha mentido, porque me ha cuidado como si fuera su hija, porque ahora más que nunca lo necesita a su lado.

Sabré que siempre me odió y recordaré cuando mamá decía que era un buen tipo, que me iba a querer mucho y que ya habría un hombre en la casa, cuidándonos. Me burlaré de lo estúpida que fue al enamorarse de él e intentar suplantar a mi padre. Hasta entonces, con el mechón de cabello arrancado frente a mi rostro, me daré cuenta de que yo también caí en su trampa.

Me golpeará con el martillo, repitiendo la faena insistentemente hasta que mi sangre se confunda con el sudor de su cuerpo. Mis uñas rasgarán su ropa con lo que me quedará de fuerza. Cambiará las sábanas y limpiará el desastre. Me llevará al auto, acomodará mi cuerpo en posición fetal, cepillará los contados cabellos que tendré y sobre ellos lanzará, después de olerlo, el mechón que sus dedos ensangrentados sostenían con ternura.

Todo en instantes, luego de haber visto un poco de televisión y de que mamá  haya ido a comprar una prueba de embarazo, sin que él siquiera lo imagine.

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Ensayo

Viajes

viajes
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Ensayo

En la tierra de Bradbury

bradbury

Por: Felipe Gómez Jacobo

Fue en 2003 cuando leí por primera vez aquel letrero; la madera estaba fresca, la pintura reluciente y las letras bien moldeadas: “Ray Bradbury Park”, decía.

Con apenas 10 años, no entendía del todo el contexto ni al personaje. Pasó el tiempo y pronto me encontré con Crónicas marcianas. Como una campana en la inhóspita red de mis recuerdos, una memoria vibró, trayendo aquella imagen de la infancia: “Ray Bradbury Park”.

Descubrí que la ciudad que había visitado año con año y en la que vive parte de mi familia era el hogar del legendario Ray Bradbury. Y aunque los lugares de nacimiento de los escritores suelen ser en un principio sólo eso, lugares donde los autores nacen -pues éstos después se mudan a grandes ciudades-, Waukegan, Illinois, no resultó ser así.

La ciudad pasa desapercibida para ojos de muchos. Tiene más de 100 años, un viejo teatro que ha traído a cómicos de renombre y un centro completamente vacío, como el de la película Three billboards outside ebbing, Missouri. Hay bares y restaurantes cuyos pisos de madera rechinan al entrar, así como casas de ahorros y tiendas de arte que parecen habitadas por fantasmas.

Sin embargo, a las orillas del centro de Waukegan yace un riachuelo que corre apenas una milla y cerca de él se encuentra el parque Ray Bradbury. La literatura de este autor es reconocida a nivel internacional, razón por la cual un grupo de promotores artísticos decidió homenajear en este lugar a Bradbury y fue él quien clavó su propio letrero en compañía de la comunidad que le celebró una humilde kermés.

Pero ¿por qué ponerle su nombre a este parque? ¿Es de esos lugares aleatorios en donde se colocan estatuas de grandes personas nada más porque sí? No. Lo mágico del parque es que Bradbury jugaba a las orillas de este riachuelo cuando apenas Waukegan era una ciudad creciente donde todavía los jardines eran las orillas silvestres cobijadas por naturaleza circundante. Bradbury escogió personalmente este sitio cuando le avisaron de su homenaje. Incluso hay fuente de inspiración literaria en este lugar. Las escaleras que llevan a un puente nostálgico tienen por nombre “Dandelion trial”, en honor a su novela El vino del estío (Dandelion Wine), pues este paraje del parque fue motivo de inspiración para el escritor.

Por supuesto, la Biblioteca Pública de Waukegan tiene una colección especial en honor al autor, e incluso resguarda algunas notas originales de sus novelas, como la aclamada Farenheit 451, que este año volvió a la luz con una nueva adaptación cinematográfica.

Como recomendación de viaje para los amantes de la literatura y del autor, podemos señalar que llegar al parque es relativamente fácil desde la ciudad de Chicago. Se toma un tren desde el Ogilvie Transportation Center en dirección Norte, Línea Verde, hasta Kenosha. Entre semana suele costar 16 dólares el boleto redondo y los fines de semana 9 dólares. Se desciende en la estación de Waukegan después de un trayecto de una hora con treinta y cinco minutos. Caminar hasta el parque toma diez minutos y de ahí la biblioteca está a sólo cinco minutos.

Resulta nostálgico, incluso mágico, sentarse a las orillas del riachuelo, recostarse sobre el pasto del parque y escuchar la naturaleza dominante, el endeble ruido del agua al andar; observar los pececillos que nadan para esconderse; ver los troncos tirados por el viento; árboles centenarios que fueron testigos de un autor cuya infancia ha sido bien resguardada a lo largo de los años; cerrar los ojos y percibir la inspiración que provocan esos espacios tan invisibles para algunos y que despiertan en el literato, en el escritor, las más grandes proezas de la palabra.

Quizá Bradbury no lo pensó así cuando niño. Quizá se dejó cautivar por la imaginación y cuando grande, desde su bohemia oficina en algún lugar del país, cerró sus ojos y volvieron a él las memorias de ese parque, ese lugar que hoy lleva su nombre hasta la posteridad.

Y tú, ¿conoces alguna otra ciudad escondida en la que creció un autor importante?

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Narrativa

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