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EnsayoReseñas

300 palabras en defensa del suplemento cultural

Por: Berenice Hernández

Los cuentos y los suplementos culturales tienen algo en común; desde hace años se ha escuchado la misma perorata respecto a ambos: no deberían existir. Ha salido de boca de escritores y editores, incluso de los lectores. Nadie los quiere porque no tienen un desarrollo natural. Impiden que uno se arrellane en su sillón favorito y pase las horas perdido en los folios.

¿No será más bien que los detractores tienen la venda puesta aún sobre los ojos? Al relegar la existencia de ambos, se pierde la oportunidad de generar mapas lectores inmediatos: el suplemento, a pesar de sus aparentes carencias, abona al reconocimiento de autores y textos de una forma más amena, sin tanta paja. Debería examinarse, además, que la sociedad, la de ahora, empieza a acostumbrarse a una vida fragmentada casi por completo. Se pasa de una red social a otra, se regresa, se pone atención a la plática, se olvida y se regresa a la red social, a lo breve, como si esos pedazos de fugacidad nos construyeran.

Entonces ¿por qué olvidarnos de los suplementos y no hacerlos parte de nuestra rutina de lo efímero? Éstos deberían ser como los alimenticios: explotados a más no poder por aquellos que desean estar saludables, aunque no de manera física, sino intelectual. ¿Cuántos de los que amamos la lectura nos detenemos a hojear los panfletos que dan vitamina extra a nuestro ejercicio mental? ¿Quién ha quitado los ojos de Los miserables o Rayuela para sumergirse en las aguas calmas de aquellos complementos? ¿Qué nos impide ver a los suplementos como ese respiro en medio de la plaza llena de personas?

Creo que La Gualdra aún puede ser un respiro tanto en medio de lo efímero de lo virtual, como en medio de lo monumental de la literatura. Un lugar para pensar y descansar. ¿No?

 

SEMICH

Autor SEMICH

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