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Reseñas

Bandersnatch. El lector como invitado incómodo.

Por: José Agustín Solórzano

A Bandersnatch ya se le adelantó la literatura y, desde hace décadas, los videojuegos; mientras veía la esperada película de Netflix no dejé de pensar en referentes como Cortázar o Calvino, The Legend of Zelda Majora’s Mask o Alan Wake, por mencionar dos; incluso se me vinieron a la mente filmes como el popular El efecto mariposa o la maravillosa película de culto: Donnie Darko. Sin embargo, no por la vasta cantidad de predecesores que pueda tener o con los que pueda dialogar esta entrega de la serie Black mirror, deja de ser un ejercicio narrativo decente y entretenido. Es precisamente este diálogo con la cultura pop del gamer y con el esnobismo del lector activo impulsado por Cortázar, o por Perec y más recientemente por autores como Zambra, entre muchísimos otros que han intentado de inimaginables maneras convertir al objeto libro en un aparato lúdico con el cual interactuar a la manera de un juego de rol o de un videojuego, el que fortalece Bandersnatch.

 

                Si nos acercamos al filme buscando la originalidad en este sentido debo decir que fracasaría rotundamente. La película, dirigida por David Slade, funciona con base en un sistema de elección binario, en el que a veces las dos opciones llevan prácticamente a la misma secuencia narrativa. La literatura y los videojuegos han llegado más lejos en ese sentido. El primer error del lector (no lo llamo espectador porque en este filme lo que se solicita de la audiencia es su papel como lector “partícipe”) es creer que Bandersnatch nos ofrece una estructura narrativa novedosa, o en todo caso un producto multimedia original; el segundo: creer que realmente tenemos el poder de decidir sobre la trama. El gran logro del filme es precisamente que acepta lo anterior, su incapacidad para ser totalmente “abierto” y metaficcional; una barrera que la literatura lleva casi un siglo intentando saltar.

Bandersnatch es un experimento narrativo que llega de la mano de la plataforma Netflix, no podía ser de otra manera. Los servicios de streaming acercaron al espectador a una manera diferente, y más acorde de entender el entretenimiento en este siglo, prácticamente están terminando con la televisión como ya acabaron con los videocentros y la renta de películas en físico; incluso, lo que parecía imposible, están arrebatándole clientes a la piratería. El concepto es simple: lo tienes en casa y está a sólo un clic, barato, cómodo y accesible. Se trata del contexto perfecto para que series como Black mirror hayan tenido el éxito que tuvieron y siguen teniendo; es en este mismo espacio virtual en el que aparece un primer filme interactivo que le da la oportunidad de decidir al lector. ¿Pero qué decide? Nada. Realmente Bandersnatch es un homenaje a la incapacidad del lector, una mueca irónica ante nuestra impotencia de tomar decisiones por nosotros mismos.

El lector, más que un creador de la historia es un personaje más, casi siempre el villano de los diferentes “finales” de la trama; la falsa superioridad de éste demiurgo de Netflix se ve desenmascarada en varias ocasiones durante el filme; empezando por aspectos técnicos, como los limitados menús que a veces sólo nos ofrecen una opción: “volver”. El espacio discursivo (ya sea un libro, un videojuego, una película) es un texto acabado, cualquier ilusión de infinitud es precisamente eso: una fantasía creada por el escritor de la trama original. No hay más que dos opciones reales: o vas por todas las rutas que se escribieron, o terminas de una vez por todas la película y vuelves a tu vida donde el tiempo avanza en una sola dirección.

                Por otro lado, la mentira del lector como pequeño dios es muchas veces mandada al carajo por el protagonista (Stefan), o por el extraño programador Colin, que en general parece saber más que el mismo lector. Hay que decir que sí, en esta trama el lector está ahí, es un personaje, co-participa de los hechos, pero no tiene absolutamente ningún poder de decisión. Al igual que los otros, él es también un títere del destino, del demonio que acosaba al enigmático Jerome F. Davies, de la malvada organización PAC o del no menos terrible Netflix. La metaficción de la que, en ocasiones, pareciera se abusa (ya saben, estamos viendo una película interactiva, sobre un desarrollador que programa un videojuego basado en un libro donde puedes elegir múltiples finales, ¡eureka!) alcanza al lector mismo y lo extravía en un laberinto que termina siendo un callejón sin salida.

Siempre he considerado que un producto artístico es bueno si logra utilizar las capacidades exclusivas e inherentes al mismo. En el caso del cine pondré el ejemplo reciente de Roma, ¡carajo, que esa historia, tal como es, sólo podía contarse así en el cine! Se escribió para el cine y utiliza las herramientas del cine como elementos insustituibles para contarnos la historia. En el caso que nos ocupa sucede lo mismo, pero la historia de Stefan Butler inaugura una de las posibilidades de las plataformas streaming, y lo hace bien. No está hecha para el cine, porque además de las dificultades técnicas que representaría proyectarla en una sala, Bandersnatch es más parecida a un libro en ese sentido, es una historia para un solo espectador, donde el que mira aparentemente decide y pacta con el filme hasta encontrar un final o hasta terminar por cerrar la pestaña del navegador.

En fin, para resumir puedo decir que la película avanza sin problemas si aceptas jugar este juego, como se lee ya en alguna crítica, “Bandersnatch no se ve, se experimenta”. En general la trama es buena y te permite disfrutar de personajes bien logrados y de un contexto ochentero que no decepcionara a los nostálgicos y a los chavorrucos. La fotografía, cuidada, ayuda a soportar los momentos donde aparecen las opciones interactivas,  los diálogos y secuencias fluyen bien a pesar de las decisiones que debes tomar en sólo diez segundos (pudieron ser menos). ¿Cómo verla? Puedes decidir hasta que la plataforma ya no te lo permita, eso te dejará ver todos los “finales”, aunque en mi opinión sólo hay uno, y llegarás a él de cualquier forma.

Por cierto Bandersnatch es un personaje de Lewis Carrol y agradezco enormemente que ahora no lo haya echado a perder Tim Burton. Las referencias culturales en el filme no paran y aunque no me di el tiempo de investigarlas todas, seguramente ése es también un plus para los fanáticos de los videojuegos, los ochentas y la cultura pop en general. Es un hecho, las cenas esnob de fin de año tendrán charla para rato con Bandersnatch.

                No cabe duda que Black mirror creó una historia interesante con este extra interactivo que no sólo es un artificio técnico, sino que forma parte de la trama, si bien no es el plus ultra de la metaficción (en ese sentido Synecdoche, New York lo hizo mejor) y tampoco la más experimental forma en la que se ha abordado la interacción con el lector, sí consigue una historia lograda con una experiencia reconfortante que se agradece si lo que queremos es ver más y mejores experimentos en estas nuevas plataformas que ya son el presente del entretenimiento. Bandesnatch se convierte en un referente y en una promesa de la evolución de los creadores y por supuesto del lector, quien a pesar de todo, sigue siendo el invitado incómodo

SEMICH

Autor SEMICH

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