close
Reseñas

El miedo a los animales, Enrique Serna

Por: Berenice Hernández

Leer a Enrique Serna no es aconsejable si el ánimo personal y la fe en la humanidad se encuentran trastocados. Sus obras, ya sean cuento, ensayo o novela, se alimentan del dolor ajeno y lo escupen a manera de sarcasmo, de crítica rancia directo en los lectores. El miedo a los animales no es la excepción, se trata de una novela negra donde el protagonista, Evaristo Reyes, experiodista de nota roja que ha terminado trabajando en la policía judicial, decide aventurarse por cuenta propia a resolver el asesinato de Roberto Lima, un escritor marginal de notas de cultura en las que subrepticiamente lanza consignas en contra del presidente, el sistema político y las corruptelas.

En principio, encontrar al articulista le corresponde a Evaristo por órdenes de su jefe, quien se presagia ya como el favorito del presidente al ser quien le entregue a Lima, sano y salvo, para que reciba el castigo ejemplar que todo antisistémico merece, sin embargo sus planes se ven frustrados cuando luego de reunirse con Evaristo Lima es asesinado en su departamento y no se conoce al asesino.

Evaristo, en un afán de mantener la dignidad que va en decadencia, se cuela en el mundillo intelectual donde se desenvolvía Lima para descubrir quiénes y porqué se encargaron de ejecutarlo, más que por cumplir las órdenes de Maytorena, su superior, y favorecer al sistema político traicionando nuevamente aquellos ideales que perdió junto a su juventud. Será así que se encuentre con personajes como Fabiola Nava, Osiris Cantú, Palmira Jackson y Rubén Estrella, mismos que representan lo más inmundo en el ámbito literario: son los que traicionan, mienten, se humillan con tal de conseguir la tan ansiada publicación de un libro que ni el más neófito juzgaría como bueno; son los que fingen amistad y en cualquier momento clavan un cuchillo en la espalda; los que se alimentan de habladurías y no de trabajo constante, y los que de a poco mataron a Roberto Lima.

El miedo a los animales es más que un retrato de las mafias políticas y culturales en México. Si bien es cierto que el gran conflicto de la novela gira en torno a éstas, a lo largo de la narración, ligera y consistente como en todas las obras de Serna, nos encontramos con personajes que parecieran retratar a la sociedad con todas sus aristas, mismos que nos hacen recordarnos que, como ellos, nosotros también somos proclives a la decadencia. Uno de los grandes logros es ese, el humanizarlos y conseguir que nos identifiquemos con ellos, los animales marginados que arrancan la capa de moralismo que traemos encima y nos invitan a sentarnos a su lado para tomar lecciones de lealtad en un bar de mala muerte. Es esto lo que hace increíble y arriesgada la obra de Enrique: en un juego de ironías te hace ceder al presentarte a Dora Elsa y el Chamula, que si bien son planteados como “personajes de mal gusto”, los últimos en el escalafón, presumen una característica que no logran poseer los demás: son leales hasta la muerte.

Aunque al final del día nada los salvará de andar a rastras, la pareja de Evaristo y la mano derecha de Maytorena son capaces de matar a quien se les ponga enfrente con tal de defender aquello en lo que confían, dejando de lado sus propios intereses. Por un lado, la lealtad de Dora Elsa corresponde a todas luces por el amor y confianza que tiene a Evaristo, a pesar la traición de éste, y los insultos que le ha dedicado a la mujer luego de su rompimiento. Por su parte Chamula permanece incorruptible (valga la ironía) cuando de hablar mal de Maytorena se trata. Para él aquel judicial que le da patadas en el piso y lo obliga a cuidarlo desde un rincón con aroma a meados es como el padre que nunca tuvo. No ha considerado, sin embargo, que su existencia está supeditada al éxito de éste.

Mucho se ha interrogado a Enrique sobre esta novela publicada en 1995, y el porqué escudarse en nombres falsos en lugar de arriesgarse a “decir la verdad”, decir con todas sus letras quiénes son los buenos y los malos a los que retrata. Él, a toda respuesta dice que a El miedo a los animales no le corresponde hacer una lista de los intelectuales y políticos que formaban las mafias de aquel entonces, pues pretende, ante todo, la exhibición de conductas que nos demuestran cómo, a pesar de nuestra seudoevolución, hay una parte de nosotros que se ha quedado rezagada, y que los animales son más humanos que cualquiera.

La novela concluye con un Evaristo recluido en un penal de máxima seguridad, acusado por la muerte de Roberto Lima. Así, veremos la historia de un hombre que termina estando más a gusto en la cárcel que viviendo “libre”, perseguido por los recuerdos y la culpa. Sin embargo, aunque a Evaristo le corten las alas no conseguirán callarle la boca ni pararle la altanería.

Dos cosas sorprenderán al llegar a las últimas páginas: la recapitulación que hace Enrique para que no perdamos detalle de qué ocurrió con cada uno de los personajes, y la más importante: el verdadero e inesperado final, con el que aprenderemos a, como él dice en Las caricaturas me hacen llorar, no quejarnos de las mafias sólo porque la nuestra tiene poco poder.

 

Reseña publicada en Diario Provincia, el 8 de abril de 2016, y en Gaceta Nicolaita Número 97, el 25 de abril de 2016.

SEMICH

Autor SEMICH

Deja tu comentario