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Guanajuato y sus difuntos

Por: Tania Castro

 

Fueron dos veces antes de conocerle en la tumba las que visité Guanajuato. Perseguía con gran anhelo mi segunda oportunidad para ingresar a la maestría en la Universidad de Guanajuato. Recuerdo las veces que me subí a los camiones plagados de fotos de recuerdos de un estado antiguo, bajando y subiendo, dando vueltas, pensando conmigo misma.

La segunda vez que lo visité fue en una fuga solitaria que me llevaría a los rincones más escondidos de este estado. Al no tener nada preciso que ver, ni a quien conocer, no había un camino trazado, solo una ciudad llena de posibilidades en todas direcciones; arriba, abajo, izquierda, derecha y adelante. Los caminos bajos de los túneles pintaban su historia, rica en héroes, y para mí, en imaginación. Las momias podían asomar su cabeza por cada hueco, por cada curva.

El folclor que acompaña la ciudad es vasto, y es conocido como el Festival Cervantino, sin embargo, es lo que allí permanece, lo que te invita a visitarla. En la plaza principal se ve el arte y la cultura que envuelven las acciones de los visitantes.

Por mi rumbo he caminado un sendero iluminado por rayos de sol que atraviesan los árboles centenarios acompañados por los colores de cada casa. En el camino el ambiente se vuelve tenue y callado, se escucha el viento llevándose las hojas a voluntad, sin otro acompañante que el sonido de éstas, y cuando al fin miro a mi alrededor me encuentro con una casona que esconde una belleza tétrica. Una bella mujer que sostiene una vela me mira profundamente y me invita a pasar, sin embargo, algún vecino me detiene advirtiéndome que quien entre allí jamás saldrá.

La Casa de las Brujas me invitaba, pero yo me dije: En otra ocasión será.

Cerca de allí, me he topado con un parque de grandes extensiones que alberga una flora exuberante, compañía ideal del querelle solitario, el Parque Antillón, que esconde otro secreto que desconozco y se aproxima conforme mi andar sigue por los caminos entrelazados del lugar. Aunque Florencio Antillón, el ilustre general que luchaba por el progreso del estado, es la figura honoraria de este parque, una tumba que no es de él yace en medio del lugar.

De cerámica decorada su tumba, al escritor que ha sido reconocido por su crítica y sátira a la política y a las figuras públicas del país y por libros como Los relámpagos de agosto y Maten al león, lo señalaron como una de las promesas de las letras mexicanas, admirado por otros autores como Elmer Mendoza y Luis Humberto Crosthwaith. Tristemente, él también se embarcó en un curso que lo llevaría al último día de su vida, el avión en el que viajaba, el cual se desplomó junto con su carrera literaria en cúspide.

La imagen me invita a la melancolía mientras el día oscurece, es hora de volver al sendero que me llevará a otro destino el día de mañana. Esta es una historia que cuento en otro momento, pero que vive siempre en el recuerdo de Guanajuato.

SEMICH

Autor SEMICH

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