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Reseñas

Horacio Quiroga: entre lo terrorífico y lo fantástico

Por: Berenice Hernández

Reseña de Cuentos de amor de locura y de muerte

 **Reseña publicada en Diario Provincia de Michoacán, el 26 de febrero de 2017

 

La vida de Horacio Quiroga bien podría ser uno de sus cuentos. Esa es la idea que nos meten en la cabeza cuando apenas vamos a acercarnos al autor uruguayo, o al menos así pasó conmigo, y ahora vengo a repetir la historia: conocí “La gallina degollada” cuando estaba en preparatoria, gracias a mi profesor de taller literario, y a ella siguieron “El almohadón de plumas”, “El hombre muerto” —uno de mis favoritos, a la fecha—, “A la deriva” y otros que se hallaban principalmente en Cuentos de la selva. Me llamaba la atención, desde ese entonces, la capacidad de un autor de explotar a sus personajes, de hacerlos sufrir en un ambiente que a todas luces les resultaba desfavorable, y la ausencia de temor, el escribir sin resquemores una situación en la que cualquiera podría estar, y hacerlo con una naturalidad inaudita. Fue por eso que luego de conocerlo comencé a recomendarlo en charlas con amigos, en talleres, y acepto que en alguna de aquellas ocasiones tuve que recurrir a cuestiones biográficas más que a la capacidad narrativa de Quiroga, con el afán de que otros lectores lo conocieran, y efectivamente, no me avergüenzo de presentar así a un autor que vale la pena.

Horacio Quiroga bien podría ser uno de sus personajes. Y aunque parezca presuntuoso, lugar común, si se quiere, dicha aseveración tiene la cualidad de ser terriblemente cierta: bien podría considerársele uno más de los protagonistas de Cuentos de amor de locura y de muerte, con toda esa vida —¿o la ausencia de?— inmersa en la tragedia. Tanto en el plano real como en el ficcional, Horacio es el rey de los hechos siniestros. Es sabido por la mayoría de sus lectores que el escritor se vio rodeado por la muerte de sus seres queridos, y el dolor y el desconsuelo no se alejaron de él como pareja, como amigo, como padre y como individuo. En todos los estratos pareciera que la miseria tiene un problema personal con Quiroga, y en el ámbito literario no hay ninguna excepción; será por eso que a pesar de los años, y la aparente “simplicidad” de su obra, el uruguayo destaca como una de las mejores voces latinoamericanas, y como autor a recomendar para aquellos lectores interesados en la literatura de sufrimiento y desgarre, con tintes fantásticos y llenos de crudeza.

Cuentos de amor de locura y de muerte es el libro que pone en la mira a Quiroga y la fatalidad. Formado en un inicio por dieciocho cuentos, fue modificado tiempo después de su publicación, y las historias se redujeron a quince —“Los ojos sombríos”, “El perro rabioso” y “El infierno artificial” son los relatos ausentes en las ediciones posteriores—, aunque no por ello se vio afectada la calidad del libro. Las historias de Quiroga deambulan entre lo terrorífico y lo fantástico de una manera magistral, al igual que ocurre en la literatura de Edgar Allan Poe, uno de sus maestros. Sin embargo, la forma en que cada uno desarrolla sus historias más que a unirlos tiende a separarlos: Poe, el maestro del horror, imbuye al lector en un ambiente caótico y escalofriante desde las primeras líneas, mientras que Quiroga, por el contrario, narra con un tono pausado, calculado, que de poco en poco presenta un resquebrajamiento: su literatura es como una cuarteadura en la pared, que comienza pequeña pero se expande de manera acelerada hasta que todo termina por romperse.

Como ejemplo de lo anterior puede verse “La gallina degollada”, uno de los cuentos que menos pasan desapercibidos debido a su extraordinaria manera de ser contado, pero además porque en él permanece latente la sensación de angustia, que explota por completo en uno de los párrafos finales. Este relato es el puro ejemplo del estilo sencillo pero crudo de Horacio Quiroga, quien nos cuenta la vida de una pareja deseosa de tener un hijo, y cuando consigue procrear, el pequeño enferma y pasa a convertirse en un imbécil, como lo serán también tres hermanos que vendrán después de él. La excepción, sin embargo, luego de los mutuos reproches de los padres, y el abandono a los cuatro hijos enfermos y débiles mentales, será una quinta hija en la que recaerán las atenciones de los padres y la servidumbre, aunque también de alguien que devolverá la fatalidad a la familia.

Los personajes de Quiroga intentan siempre mantener la esperanza de algo. En “Una estación de amor” descubrimos a un par de enamorados que por causas ajenas no pueden estar juntos. Ambos, pasado un tiempo, siguen interesados en formalizar su relación, aun a costa de sus padres: el padre de él es explícito en informarle que no aceptará un matrimonio con esa mujer, y la madre de ella vive y acepta la relación de su hija por un tremendo anhelo de riqueza económica. Éste y el cuento mencionado anterior dan cuenta de los tres tópicos por los que deambula el libro. En las dos historias hay sendos amor, locura y muerte que logran la combinación perfecta para generar el drama que mantiene al lector expectante.

El toque característico de Horacio Quiroga es el medio en el que coloca a los personajes: Sus historias se ambientan mayormente en la selva, lugar al que hay que tenerle respeto, se viva en ella o no. La selva y la naturaleza serán sinónimo de aventura, de miedo y peligro en la mayoría de los cuentos, y aunado a ello en Cuentos de amor de locura y de muerte el lector se encontrará con el valor de los animales: En “A la deriva”, un hombre sufrirá una fatal mordedura de víbora; en “El almohadón de plumas” una mujer verá la muerte gracias a un extraño bicho; en “La insolación”, unos perros intentarán alejar de su amo lo inevitable para cualquier ser, y en “La miel silvestre” tendremos  ejemplos claros de cómo el hombre, a pesar de todos los esfuerzos por vivir en sociedad, por contener sus deseos, por mantenerse firme y sentirse superior, se verá supeditado a la naturaleza, al grado de mostrarnos cómo aun pasado el tiempo, la humanización de los animales es directamente proporcional a la brutalidad del hombre.

Todos los Cuentos de amor de locura y de muerte se verán empapados por esa sensación de fatalidad tan característica de Horacio Quiroga. Basta leer algunos para descubrir que no siempre las historias felices son las mejores, y que en mayor o menor escala, la muerte, la tragedia saldrán ganando gracias a la maestría de una de las ya clásicas plumas latinoamericanas: la del hombre que entre el sufrimiento y la demencia se dio el lujo de poner punto final a su vida.

 

 

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Autor SEMICH

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