close

Escrito enviado por: Hortensia Bahena

.

…la imaginación primaria es el Poder

y el primer Agente de toda Percepción humana

 y como una repetición, en el espíritu,

 del acto eterno de creación en el infinito YO SOY.

Samuel T. Coleridge

         .

El ser humano, a diferencia –aparentemente- de las otras formas de vida que habitan este planeta, puede desarrollar de forma ilimitada su capacidad para crear, para inventar, para innovar. La creatividad, como proceso inherente e inseparable de la esencia del Homo sapiens, le ha permitido a éste modificar su entorno natural, generando así un conjunto de elementos artificiales que conforman el mundo de la cultura, tales como el idioma, las costumbres, la técnica, la ciencia, el arte, entre otros.

A partir de que el hombre primitivo crea sus propias herramientas para la caza de animales y la recolección de frutos -después descubriría el fuego- se inicia un proceso continuo y cíclico que no ha cesado. Pareciera que tal ejercicio generador se da en un solo sentido, del hombre hacia el mundo y sin retorno posible. Sin embargo, y sobre todo si nos referimos al acto de la creación y la recreación estética o artística, nada está más lejos de la realidad. Sin duda la música, la pintura, la literatura y todas las bellas artes conllevan en su propia génesis una suerte de círculo virtuoso que va del sentir hacia el hacer y viceversa, en un vínculo dialéctico y dialógico entre el uno y los otros, pero también entre el uno y sí mismo.

Blauberg (2002) menciona que “el individuo durante su actividad creadora parece que pasa al mismo tiempo por el proceso de un segundo nacimiento… en un doble sentido (en el del conocimiento y el autoconocimiento)”. Desde esta óptica estamos hablando entonces de la creación como un fenómeno continuo de construcción y de-construcción de uno mismo, lo que significa que en esa búsqueda de lo nuevo, de lo original, de lo útil o de lo bello ponemos en juego emoción, voluntad y conocimiento, en fin, subjetividad; misma que se entrelaza en una relación simbiótica con el macrocosmos, dando a luz el milagro de la creación estética -un poema, una imagen, una música- que compartimos con los otros; y que al conocerla ellos, y al reconocerla nosotros, al integrarse a su y a nuestra existencia, cobra vida y nos posee, nos penetra, nos reinventa, modificando así la propia percepción que tenemos de nosotros mismos y estableciendo ese diálogo entre el hombre y sí mismo. Un viaje hacia el interior de nuestra intimidad microcósmica.

La creación es entonces un rico ejercicio dinámico que inevitablemente nos conduce al autoconocimiento y aun más allá. Hollander (2012) menciona que el pueblo Huichol (Wixaritari) plasma en sus objetos artesanales la simbología de los elementos del ritual del peyote en Wiricuta, con el que busca renacer, “ver la luz”.

El prodigioso acto de la creación estética es pues una puerta abierta hacia nuestro universo interior -con frecuencia inexplorado-, hacia la posibilidad de establecer un diálogo de ida y vuelta con uno mismo, con el otro, con los otros y con el todo. Tal ejercicio creativo, en el terreno de las artes, llámese poesía, música, danza, pintura, etcétera, sin duda puede conducirnos por la ruta del re-nacimiento, de la re-generación, tan apremiante, de nuestro mundo; de nuestros mundos.

 

Referencias:

Blauberg, I., Diccionario de Filosofía, Ediciones Quinto Sol, México, 2002.

Hollander, Kurt, Batalla en el desierto: La lucha entre la plata y el peyote en Wirikuta. Reportaje. 2012 Rescatado en: http://www.letraslibres.com/revista/reportaje/batalla-en-el-desierto-la-lucha-entre-la-plata-y-el-peyote-en-wirikuta?page=full

 

 

*Hortensia Bahena, mujer aficionada a la lectura y al arte de escribir y comunicar ideas.

 

SEMICH

Autor SEMICH

Deja tu comentario