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Corvus suvroc

 

La voz poética de Corvus suvroc crea una atmósfera plástica y se instala en ella, en la exposición de las emociones y reflexiones del artista holandés, no limitando su exposición en la palabra misma, tampoco en la obra del pintor. Por momentos pareciera que esa voz poética tomara de la mano al lector y lo trasladara por cada resquicio de la exposición representada en el libro a través de atmósferas de retratos de Vincent: gran parte de los poemas de Corvus Suvroc tienen como título cuadros de van Gogh. Su obsesiva referencialidad, la contundencia post impresionista y la plasticidad metafórica, encuentra su fuerza lírica en lo exponencial de la palabra y el efecto de la imagen. En esa contemplación, el poeta Armando Salgado expone una representación de la realidad, según una perspectiva platónica: el arte es una copia de la realidad: el poema (copia de la realidad) habla de la copia de una realidad (la pintura): “Perplejo, pintó un cuadro sin bardas, una cama y la piel/ de un girasol tatuado con sedantes”. (Campo de trigo bajo un cielo nublado, 1890). Con Corvus Suvroc se cumple una de las máximas del impresionismo literario expuesto por Stéphane Mallarmé: “Pintar no la cosa, sino el efecto que produce”. Justo eso logra Salgado en su libro, atiende a los sentidos y los productos de estos en las imágenes de Vincent van Gogh. Tal vez por ello Corvus Suvroc  sea una ofrenda de girasoles cortados “al ritual de la pintura” por medio de la palabra.

Manuel Parra Aguilar

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