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Reseñas

Los días con el otro

Por: Nan Martínez

Estos últimos días los he vivido con el otro, fuera de mí, pensando que sólo los más intelectuales pueden entender la poesía, angustiándome por no lograr una imagen en mi mente. Sin embargo, no necesité grandes referencias literarias para reír, enojarme y recordar ciertas cosas desde mi experiencia al leer el libro de poesía Los días con el otro de Magdiel Torres, y al cerrar el libro mi corazón quedó un poquito más lleno de nuevas sensaciones. Soy parte de la gran cantidad de lectores que no acostumbra leer poesía, pero he decidido comenzar, no dejarme intimidar por el halo deslumbrante que se le ha creado alrededor. Considero que la poesía es para terrenales como yo, para seres solitarios, soñadores. Sé que en ti también existe algo de esto, y entonces ¿por qué no intentar acercarnos un poco más al alma oscura de un Rimbaud que escribe mientras es el otro, como en los poemas de Magdiel? Y ¿por qué no leer a Magdiel Torres mismo, ganador del Premio de Poesía Carlos Eduardo Turón 2011?

Y luego ¿a dónde se va todo lo que fuimos con el otro? Yo seré ausencia mientras mire mi imagen en el espejo, las viejas memorias regresarán, comenzaré a recordar vidas pasadas, seguiré esperándome en otra parte de la ciudad pensando que allá sí soy feliz. Lo que diga de los otros será mi reflejo, será lo que más me costará aceptar que soy. Seré lo que anhele, lo que quiera ser, seguiré esperando por mí en una banca, sola y sin fe. Cuando me reencuentre estaré confundiendo el pasado, el presente y el futuro, me estaré viendo a través del abismo y del engaño, brillando desde las tinieblas, como en estos versos de Magdiel:

 

“No se trata de máscaras

se trata de las señales de la muerte

pero no se trata de la muerte hipotética

que puede esperarnos en cada esquina

se trata de señales de muerte y de vida

de señales en todas partes

porque cada objeto que tiene luz y sombra

es indicio de algo

de un equilibrio siniestro

en el que caminamos sin más

con la presencia del otro”.

 

En este poemario, después de algunos lamentos de soledad, el autor me devuelve la esperanza de que la mañana siguiente será fresca, me peinaré y saldré a la calle, no me importará ser el transeúnte con alas que no se detiene en las esquinas a pensar qué chingados fue de tu vida. Aunque de pronto, el autor nos sumerge en una atmósfera de nostalgia:

 

“Hoy me encontré a una amiga en común

y no me preguntó por ti

Qué lejos te sentí entonces

y qué lejos me sentí de aquello.

Qué lejos me sentí de aquel otro que ya no…

… ¿de cuántas muertes estamos hechos?”.

 

 

SEMICH

Autor SEMICH

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