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Reseñas

Narrar la desolación. José Revueltas y su manera de novelar una crónica

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Por: Gerardo Farías

El periodismo de José Revueltas es un nudo de su quehacer como escritor que estuvo fuertemente entrelazado tanto con su obra política como con la literaria. Ha sido uno de los pocos escritores en nuestro país que llevó la coherencia intelectual hasta sus últimas consecuencias. Siempre se mantuvo en una posición crítica y beligerante que no daba concesiones de ningún tipo. Fue encarcelado por sus ideales, ninguneado por sus contemporáneos a causa de una literatura que no estaba ad hoc con los tiempos, expulsado del propio partido que él mismo había fundado, pero siempre reconocido por su inapelable congruencia, aunque lo aceptaran después de mucho tiempo o a regañadientes.

José Revueltas creó una obra fundamental para la cultura mexicana. Su forma de apreciar y entender la realidad de este país nos ha brindado visiones llenas de reflexión que vale la pena revisitar.

El año de 1943 fue muy importante para él. Realizó un viaje a Sudamérica en compañía de dos jóvenes reporteros que luego se convertirían en escritores: Fernando Benítez y un adolescente Luis Spota; además, se enfrentó públicamente a Juan Ramón Jiménez para defender las posiciones ideológicas de Pablo Neruda y, sobre todo, escribió El luto humano, la cual ha sido su novela más relevante, la primera que se tradujo a varios idiomas y por la que recibió el Premio Nacional de Literatura.

En ese año, Revueltas trabajaba para el periódico El Popular, en el cual escribía reseñas de libros, críticas de cine, artículos políticos y reportajes sobresalientes que se alejaban por mucho de las prácticas de los reporteros de aquellos tiempos.

Uno de esos reportajes fue “Visión del Paricutín”. A raíz de la erupción del volcán el 20 de febrero de 1943, Revueltas, junto con otros reporteros, fue enviado a cubrir el suceso ocurrido en la región purépecha.

San Juan Parangaricutiro era una comunidad agrícola y ganadera situada al oeste del estado de Michoacán. El lugar desapareció y la población tuvo que ser reubicada a causa del desastre natural; ahora sólo es visible parte de una iglesia: sólo el altar quedó intacto.

El cono volcánico se abrió paso entre los campos de cultivo y su rapidez expansiva fue impresionante. El primer día medía 7.5 metros, el segundo día llegó a los 50, a los 140 en la primera semana y a los 336 al terminar el año 1943. Lo que antes eran sembradíos, se convirtió en poco tiempo en uno de los volcanes más jóvenes del mundo con una altura actual de 2,771 metros sobre el nivel del mar.

Revueltas retrata en su crónica “Visión del Paricutín” un ambiente oscurecido y dominado por la ceniza del volcán. La vida de los habitantes fue totalmente transformada. La desesperanza y la emigración son los motivos fundamentales de El luto humano. En ella se relata, también, un desastre natural, pero en este caso es una inundación. Los campesinos vivían pendientes del río, las sequías eran continuas, así como el hambre y la marginación. El gobierno establece un Sistema de Riego en la región y todo parece prosperar; se construye una presa y los campesinos mejoran temporalmente. Sin embargo, el Sistema está condenado a la ruina, al empobrecimiento de la tierra y a la victoria del río. Estalla una huelga encabezada por el líder comunista Natividad; éste es asesinado y empieza el descenso: la presa se cuartea, la sequía regresa y los campesinos deciden emigrar. Sólo unos pocos se quedan, tan sólo para morir huyendo de las aguas que ahora, contradictoriamente, se han desbordado.

Un éxodo por el luto propio, por la desesperanza que los inunda, es el eje de esta novela, que nos presenta un génesis al revés, plagado de oscuridad y donde la muerte es la principal protagonista. Se destaca su carácter definitorio de lo humano y se propone como conciencia intrínseca de una realidad nacional: esa desesperanza, desposesión y fatalismo que viven sus personajes en las tierras yermas, sumada a un fanatismo religioso vigilante y destructivo. La naturaleza supera al hombre; no pudo la tecnología de los ingenieros del Sistema con el río; no pueden los campesinos de San Juan Parangaricutiro hacer nada frente al volcán.

Es significativo que a pesar de la diferencia de géneros, entre la novela y la crónica periodística existan similitudes. Las causas de la desposesión son diferentes, además de marcarse la diferencia entre ficción y realidad.

En Parangaricutiro, cuando Revueltas escribe su crónica, la tierra está cubierta de ceniza. La tierra es apreciada porque trae la vida; si es infértil trae sus contrarios: hambre, vacío, migración y muerte. En El luto humano el pueblo mexicano ha venido para recoger a sus muertos y comenzar ya una vez más su desesperada y atontada migración hacia la seguridad; hay un pueblo para quien la migración significa salvación. La tierra no es sólo un lugar para cultivar alimento, es el lugar que habitamos porque de ahí somos y, además, en él enterramos a nuestros muertos, nuestro pasado: ¿qué se puede cultivar en una tierra cubierta de ceniza? ¿Qué se puede cultivar con un pasado lleno de violencia?

Los campesinos de Parangaricutiro poseían tierras, vivían de ellas, después de la erupción, no sirve de nada el trabajo anterior, el sentido de propiedad se vuelve cruel:

–¿Qué voy a hacer con mi tierra? –se nos acercó un hombre de Parangaricutiro, los ojos terriblemente enrojecidos–. ¿A comérmela? –y después, con una lamentable sonrisa de apocada dulzura-: ¡Deme un diez, patrón, para la charanda! (“Visión del Paricutín”, 1983: 22).

La tierra ya no da para comer. La tierra no puede comerse. En El luto humano, Úrsulo trata de detener la emigración masiva, les pide a los campesinos que se queden: trepado sobre unas vigas, Úrsulo insta a los huelguistas emigrantes para quedarse, para que permanezcan en su lugar de origen. Es importante el arraigo a la tierra porque representa la supervivencia, pero no cuando esa tierra ha perdido su sentido. La respuesta de los migrantes es la misma del hombre de Parangaricutiro: “–¿Qué? –dijeron ellos–. ¿Vamos a comer tierra?” (El luto humano, 1980: 185).

El falso líder, Úrsulo, no puede separarse de su tierra, prefiere morir, para él el sentido de pertenencia y propiedad es más importante que la vida misma. No debe abandonarse a esa madre dura e inamorosa:

Úrsulo reunió todas las fuerzas de su alma y de su vida.

– ¡Sí! – gritó.

Se bajó de su tribuna, y tomando un puñado de la tierra de sus quince hectáreas se lo echó a la boca para tragarlo (El luto humano, 1980: 185).

La actitud de este personaje, que podría parecer absurda y terca, es producto de la desesperación y la desposesión extremas. Esa carencia constituye la problemática espacial de la novela. Paralelamente, desprovisto de esa seguridad que pudiera brindarle la posesión de la tierra, el campesino de Parangaricutiro pide a los reporteros “un diez” para emborracharse. Explica Revueltas a continuación:

En Parangaricútiro los hombres, en su mayoría, andan borrachos por la calle. Borrachos de una borrachera sombría, silenciosa. Se emborrachan para poder llorar sin que se les haga burla. De cuando en cuando gritan. Invariablemente una mentada, dirigida a quién sabe quién. Luego piden limosna, sin el menor recato (“Visión del Paricutín”, 1983: 22).

El alcohol funciona a la par como una salida al conflicto presente en El luto humano. En la novela los campesinos beben en toda ocasión, un nacimiento, un velorio, todo amerita beber. No hay sentido en lo que hacen, tan sólo una tristeza inmensa, por eso se entregan a la bebida. El alcohol es un elemento ritual por su capacidad de transformar las actitudes; está siempre presente en las fiestas religiosas y paganas, así como a la hora de la muerte.

Durante la huelga, un enganchador emborracha a un grupo de cuarenta indígenas para usarlos de esquiroles. Se relata su transformación por medio del alcohol, porque pidieron alcohol puro rechazando el tequila y el mezcal:

Les daba tristeza pero a la vez una cólera, a medida que el alcohol penetraba. Eran el rencor y el sufrimiento. Aparecían de súbito sus dolores, y la impotencia terrible frente a eso pesado, oscuro y antiguo, les humedecía los ojos, y quién sabe por qué, siempre de agradecimiento, de sumisión y de súplica. […] Ya sentían un odio deforme e inesperado, pues recordaban cosas, desprecios, injurias y toda su vida carente de entusiasmo y de fe. […] Eran libres ahora. Pero, ¿de qué? Libres: podían beber sin descanso su botella de alcohol y caer fulminados. Podían desear a la mujer de su prójimo y mentarle la madre a quien quisieran sin que por ello dejaran de beber, cual bestias, beber con toda el alma, hasta que les saliera sangre (El luto humano, 1980: 158-159).

El campesino de Parangaricutiro pide la moneda con “los ojos terriblemente enrojecidos” y “con una lamentable sonrisa de apocada dulzura”, al igual que los indígenas esquiroles de la novela. A los indígenas de El luto humano, el alcohol les devuelve su odio, su añoranza, sus pérdidas y su memoria. Les da una libertad bárbara, en la que todo está permitido como para el campesino de la crónica, la ebriedad está relacionada con poder mentarle la madre a quien sea, quizá a Dios o a su propia miseria.

José Revueltas fue un observador implacable, conmovido por todo lo que le tocó vivir, minucioso con los mecanismos de la esencia humana. Fue un magnífico reportero que supo conjuntar las mejores partes del trabajo literario con el de cronista, persiguiendo siempre la forma más cruenta de las verdades.

En él (y no sólo lo he dicho yo) podemos encontrar a un antecedente de la llamada non fiction estadounidense, cuyos más importantes representantes fueron Norman Mailer, Truman Capote o Tom Wolfe.

La prosa siempre poética, la militancia rigurosa, el realismo crítico, la historia inmediata y la filosofía incisiva, todo eso se amalgama en el periodismo revueltiano.

 

 

Material de consulta

José Revueltas (1980). El luto humano. México: Era. (Obras Completas, 2).

———————–(1983). Visión del Paricutín (y otras crónicas y reseñas). México: Era. (Obras Completas, 24).

Álvaro Ruiz Abreu (1993). José Revueltas: los muros de la utopía. México: Cal y arena.

Elba Sánchez Rolón y Gerardo Farías (2013). Colección Pequeña Galería del Escritor Hispanoamericano. FONCA / Universidad de Guanajuato.

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Preciosa de zarcillos celestes,

preciosa de cabellos rizados,

ten cuidado con el viento,

el viento agita rescoldos,

un recuerdo siempre vivo,

pasiones dolientes sobre rencores ceñidos,

promesas cumplidas de un romance sin perdón,

la brevedad y la distancia que espantan la risa,

tristezas que inquietan y abusan del corazón;

déjalos pasar por un lado, preciosa,

no quieras guardarlos en tu bolsita,

¿acaso no has visto tu sombra, preciosa?

Que de ausencia no duerme

y de pensar ya no canta,

deja los rescoldos volar y perderse,

pues el tiempo no espera

y la primavera se acaba,

ahora que eres joven, preciosa,

haz tu camino y recorre fantasías,

que nadie te obligue, preciosa

a buscar lo que tu corazón no ansía.

 

*Hugo Gómez Jaime nació en la ciudad de Acámbaro, Guanajuato. Es ingeniero en Tecnologías de la Información. Su primera colaboración ha sido en 2017 a cargo de la editorial HAGO COSAS © Spain para el libro Autor/ No 1 Libro de jóvenes escritores.

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