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Misceláneo

Gendarmería

gendarmeria

Por: Berenice Hernández

Llegó la Gendarmería. Pasan y pasan puñados de policías acá afuera. Voltean y siguen su camino. No les importo. Se asoman unos quince, una sola mujer, cabello platinado. Van pellizcándole la panza unos dos, jalándole los pelos otros. Ella ríe y la sonrisa provoca que se muevan las orejas y se deslicen los pasadores que apresan su boina. Yo la miro. Tuerce las caderas porque le hacen cosquillas. Se dobla toda. No deja de reír. Su risa es melódica, parece enamorar a sus compañeros, todos tras ella. Es la líder. Ellos también sonríen e interrumpen su canto. Por fin me notan, descubren la librería. Descubren, también, mis ojos impávidos atravesándoles los poros. “Vénganse, muchachos, hay que ser cultos”, dice uno, y los invita a plantarse con sus botas, a germinar acá adentro. Los miro. Inspecciono su espalda ancha, su manera de quitarse la gorra. Me muestran sus costumbres. Recorren el sendero trazado gracias a las mesas. Pienso a cuánta gente habrán pateado esas botas, cómo se llamaba aquel al que replegaron. Doy los buenos días. Responden brusco, parece que me escupen sus voces en la cara. Adiós a las cosquillas y al reír bonito. Ni ella ni los machos se interesan en nada. Los libros tienen miedo. A quién engaño: Los libros, la rubia y yo tenemos miedo. La Gendarmería sale cuidando sus espaldas, sin miramientos. De a poco los hombres se instalan en la calle. Sólo queda uno conmigo. Voltea. En la mano derecha trae su arma, en la otra El arte de la guerra. Lo veo hecha un nudo en la garganta. El cabrón me sonríe.

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EnsayoPoesía

¿Y la poesía, apá?

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Por: José Agustín Solórzano

 

Bukowski, ese borracho sobrevalorado por los dipsómanos y vilipendiado por los poetas, escribió: “pero como dijo Dios/ cruzando las piernas/: ‘veo que he creado muchos poetas/ pero muy poca poesía’”. Ahora, bastantes años después de que Charles escribiera lo anterior, podríamos asegurar que sigue habiendo más poetas que poesía, que abundan los jóvenes veinteañeros interesados en escribir versos, o los ya no tan jóvenes treinteañeros, con un par de publicaciones bajo el brazo, que organizan lecturas de poesía, encuentros de poetas, antologías; y entre todo este torbellino de amantes de la poesía es difícil las más de las veces encontrar a la susodicha.

Lo he mencionado en anteriores notas y otros ensayos: la poesía no vende, no genera ganancias, no tiene un “público”, entonces, ¿quiénes leen poesía?, ¿quiénes compran poesía? Fácil: los poetas, tal vez algunos académicos, especialistas en literatura. Encerrados en un círculo vicioso, los escritores de poemas ven lejana la salida. Son pocos los que logran hacerse de verdaderos lectores, y con verdaderos me refiero a lectores que te leen porque realmente les gusta lo que escribes; es decir: los conmueve, empatizan con lo que leen. Estos idílicos seres escasean cada vez más, no eligen leer un libro porque quieran “aprender” a escribir, o porque les interese conocer al autor, hacerse su amigo para que luego lo ayude a publicar; vamos, ni siquiera es que tengan una verdadera razón para leer poesía. Lo hacen porque lo disfrutan, porque por error o accidente se toparon con aquellos versos y éstos terminaron atrapándolos.

Increíble, ¿no? Pero muy difícil, porque para fomentar ese tropiezo, el accidente entre la lectura y estos seres maravillosos que son los verdaderos lectores, hace falta mayor distribución de los libros de poesía que se producen en este país. Atrapados en las librerías institucionales o, peor, en las bodegas de las secretarías y los institutos de cultura, son pocos los ejemplares que llegan a las manos de su consumidor final.

Por otro lado están los festivales poéticos; éstos, lejos de generar “nuevos públicos” (como políticamente los llamamos), o acercar la poesía a los potenciales lectores, lo que hacen es mostrar a los escritores como animales divinos, sentarlos en una mesa y ponerlos a leer cosas que para el común de los mortales son inentendibles –y hay que decirlo: aburridas-. La gran mayoría de estos eventos carece de humildad y claro, también de público. Los lectores acuden casi siempre a una fiesta privada a la que, por lo que se ve, no están invitados. El poeta lee, responde un par de preguntas, luego firma algunos libros y al final regresa con sus colegas y sale del recinto rumbo a la parranda nocturna que los espera. Otra vez el círculo vicioso: los festivales y los encuentros de poesía son para los poetas, ahí ellos se re-conocen, se odian, se aman, se leen, evitan leerse, se aplauden, se critican, pero sí: entre ellos.

¿Dónde está la poesía entonces? En el poema. No en todos, claro. Pero encontrarla es como buscar la aguja del pajar. No es que el poeta hoy esté subordinado a la poesía, sino que la poesía, hoy, se subordina a los caprichos del poeta, a su ego, a sus amistades, a las necesidades sociales, histéricas de sus coetáneos. La poesía pareciera la mujer sobria que busca escapar de aquel bacanal de adolescentes donde lo que importa es ver quién se pone borracho primero.

En fin, éstas son mis conjeturas. La finalidad de esta nota es precisamente empezar a ponerlas en duda. Dejo a continuación una serie de preguntas que constituye una encuesta que realizaré para reunir los datos y la información suficientes para hacer un artículo sobre el tema de la poesía y sus lectores en México. Quien sea puede contestar el cuestionario, aunque me gustaría que la mayoría de los encuestados fueran lectores “comunes y corrientes”, alejados del círculo literario.

 

Puedes enviar las respuestas a mi correo: agustinsolorzano@semich.com.mx

1.- ¿Lees poesía?

2.- ¿Has leído poesía mexicana?, ¿podrías mencionar algún autor?

3.- ¿Quién es tu poeta mexicano favorito?

4.- ¿Has leído poesía mexicana reciente –escrita de 1990 a la fecha-?

5.- ¿Cuántos libros de poesía tienes en casa aproximadamente?

6.- ¿Cuántos libros de poesía lees al año aproximadamente?

7.- ¿Cuánto estarías dispuesto a gastar en un libro de poesía –mexicana, actual-?

8.- ¿Qué poetas mexicanos actuales –vivos- recomendarías leer?

9.- ¿Qué libros de poesía –de mexicanos vivos- recomendarías leer?

10.- ¿Podrías mencionar 5 editoriales que publiquen poesía en nuestro país?

11.- ¿Podrías mencionar un poema que te haya marcado, cuál sería?

12.- ¿Cuántos años tienes?

13.- ¿A qué te dedicas?

14.- ¿Has asistido a algún evento literario –lectura, presentación de libro, charla-?

15.- ¿Cómo te has sentido en esos eventos?

16.- ¿Qué propondrías para mejorar este tipo de actividades?

17.- ¿Qué propondrías para que los libros de poesía llegaran a más lectores?

18.- Qué debería hacer el escritor para acercar su obra a más lectores?

 

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