close
Narrativa

Relato – Los Hombres

hombres

Por: Moisés García Hernández

En el fatal impacto de su coche, un hombre pierde a su amada esposa y a sus amados tres hijos. En el velorio masivo, mientras sus parientes naufragan en el llanto, él permanece con un rostro de hierro, imperturbable. Este hombre ha sido siempre templado, lo menos ofensivo que su naturaleza mansa le ha permitido ser, siempre al tanto de sus actos y sus gestos mínimos para con los demás.

De repente, entre el barullo del velorio, otro hombre se acerca a él, un hombre al que nuestro hombre jamás había visto hasta ahora. Aquel hombre, el recién llegado, coloca una mano en su hombro y lo mira a los ojos, simplemente lo mira a los ojos, pero en su mirada hay un brillo, demasiado sutil, casi imperceptible, en el que refulge un lacerante destello de burla. Nuestro hombre, con el rostro impasible, está mirando a aquel hombre a su vez, mirándolo sosegadamente, tranquilo, inalterable, urdiendo en su corazón la manera de asesinarlo.

 

Leer más
Reseñas

Algunas palabras sobre Roberto Jauregui

roberto

Por: José Agustín Solórzano

Algunas palabras sobre Roberto, a propósito de la presentación de su libro “En los bordes del silencio”.

Roberto es un tipo raro. Quizás no hace falta decir que lo conocí gracias –o a pesar- de la poesía. Gracias a ella porque él asistió a un taller que impartí hace más de un año en el MACAZ. Venía llegando a Morelia y no se le ocurrió otra cosa mejor que inscribirse a un taller de poesía. Les digo, es un tipo raro. Y a pesar de ella porque luego de conocernos leyó un libro mío y a pesar de eso siguió respetándome; incluso, me dijo, le gustaron los poemas.

Pero no es por su mal gusto que Roberto es un tipo raro. En el tiempo que llevo conociéndolo me ha contado algo sobre su vida (aunque no lo parezca tiene más de 50) y  debo decir que muchos de nosotros quisiéramos haber hecho al menos la mitad de lo que este jovenzuelo de 5 décadas ha hecho. Desde viajar por la mitad del continente americano hasta ser cocinero, fotógrafo, pintor, correveydile, escritor y dibujante de comics, creador de juegos de mesa y ahora, luego de tanto poeta. O al menos poeta publicado.

Y eso es precisamente lo raro de un tipo como Roberto Jauregui (además de su nombre completo, se llama Rubén Roberto), que un sujeto con tantas posibilidades creativas, con un potencial que evita la pasividad hasta el punto de que no ha parado de moverse en toda su vida, no haya publicado un libro antes. Roberto, me cuenta, ha leído desde que recuerda. Me consta que es un gran lector, y a un gran lector no lo hace sólo la cantidad de libros que ha leído, sino la pasión con la que habla de sus lecturas, la manera en la que sus lecturas lo conforman. Roberto es un hombre hecho de libros. Cada que habla salta de la literatura a la vida como si se trataran de lo mismo, sus recuerdos se mezclan entre lo que ha vivido y lo que ha leído. Ateo de hueso colorado pero creyente religioso de Jorge Luis Borges, Jauregui es un perseguidor de la vida y un perseguido, viaja constantemente porque no se jacta de vivir.

Esa es la respuesta a la rareza de Rubén. No ha publicado no porque no quiera, sino porque el oficio de vivir no le ha dejado tiempo. Escribir sí lo ha hecho y mucho, pero publicar no es realmente un acto literario, es más bien una necesidad narcisista, un acto público que de cierta manera nos legitima ante un público que no te acepta escritor si no le entregas un libro al mercado literario. Y no tiene nada de malo; pero Roberto, les decía, Roberto no ha tenido tiempo de lanzarse a esa faena de la literatura pública. Ha “perdido” demasiado tiempo viviendo y se ha olvidado de las mieles de los escenarios literarios.

Hoy es un día tan extraño como el mismo Jauregui. Porque hoy presentamos en sociedad, cual quinceañera, a un autor adulto que ha escrito muchísimo y ha publicado muy poco. Nada del otro mundo, tampoco, a la lista de los raros podemos agregar al nobel portugués, José Saramago (que público su primer novela pasados los 50), o la tardía fama de Bukowski, que le llegó cuando ya estaba muy envejecido por el alcohol y muy cansado para los excesos de las fans busconas. Esperemos que esto último no le pase a Roberto, lo que sí debe pasarle es que su obra sea leída, y que quienes la lean le pidan más. Debe sucederle que desempolve todos los manuscritos y que los revise, que ahora divida su tiempo entre la vida solitaria y la vida pública de la literatura; claro, que escriba más, que se canse de escribir para que En los bordes del silencio sea sólo un telón en la obra de un escritor que es más joven que otros jóvenes escritores que apenas han vivido dos o tres palabras y ya quieren escribir una novela llena de años de experiencia.

No quise hacer esta breve presentación sobre el libro. Si se fijan sólo lo he mencionado una vez. No es necesario. Quería hablar del autor, porque hay libros que son inseparables del escritor y quizás éste sea uno de ellos. También hay libros que basta leerlos, En los bordes del silencio no necesita gran presentación, sus poemas hablan por sí mismos, son capaces de venderse solos y eso lo agradecerán los lectores cansados de los libros que necesitan intermediarios. Los poemas de Roberto no necesitan prólogos ni estudios preliminares, nada más una voz dispuesta a hacerlos propios.

En fin, yo ya lo leí y me gustó tanto que lo compraría de no ser porque ya me lo regalaron. Qué más les digo, cualquier otra cosa –y esto va para los críticos literarios- podría ser usada en mi contra.

Leer más
1 8 9 10
Page 10 of 10