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Narrativa

EL TECHADOR (THIS SHIT DOESN’T GO AWAY)

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Por: Luis Miguel Estrada O.

 

El techador llegó cuando afuera estaba a punto de llover. El aire mecía un canto húmedo, rajado por las ramas secas y desnudas de los árboles. La figura del inquilino, alto, de carne morena y magra, que barrió al techador de pies a cabeza con suspicacia defensiva, inquietó un poco al visitante.

Howdy! Jason W. Jeffries Roofing. I’m here to take a look at that leak o’ yours.

El inquilino miró con sus ojos enrojecidos la tarjeta de presentación que le extendieron. No la tomó. Volvió a analizar al hombre joven, de mirada estrábica y de rostro marcado por un diente prominente, que se pasaba una mano reseca por las mejillas pobladas de un vello como raspaduras de cobre, sucio.

Nice timming, boy. Look at them clouds over there, it’s gonna pour, I tell ya! That’s bad for leaks, you know?

You do what you can.

Yeah, I bet you don’t wanna get your back wet ever again!

El inquilino movió la puerta con parsimonia, cerrándola, mientras miraba fijo al techador, que estalló en una pequeña carcajada y se acercó a la puerta.

C’mon, boy! You can take a joke, can’t ya? Laugh at yourself. I wouldn’t be my own boss if I hadn’t learned to laugh at myself!

There’s a lot to laugh about.

Sweet Lord, that was a nice comeback, now we’re talkin’! So, what about that roof?

Sin convicción, el inquilino lo hizo pasar. Lo condujo en silencio hacia el piso superior. Las escaleras de la casa vieja, de madera, crujieron bajo sus pies durante el camino hacia el tercer piso.

A hell of a workout you got here, right? Lots of steps! I fucking hate these old houses, don´t ya?

El inquilino gorgoreó una afirmación cortante, mirando sobre su hombro. Al final de las escaleras torcidas dentro de la casa, que trepaban angostas y altas, el inquilino abrió una puerta chirriante y le granjeó la entrada al techador a una cocina diminuta. Estaba atestada de trastos sobre la mesa y el fregadero e inundada de un olor a fritanga y especias.

—¡Viene el techero! —rugió el inquilino a alguien en el interior de la vivienda. Adentro sonó un correr de pasos y una puerta cerrándose.

El techador y el inquilino pasaron la cocina hacia una estancia, un ático viejo, acondicionado para una modesta vida de estrechez. Dentro, el revés del techo era anguloso a causa de la inclinación de las aguas, y los pocos muebles parecían oprimidos por la cubierta baja. Un sillón junto a la ventana, una mesa de centro, un escritorio.

So, you own your company? —preguntó el inquilino, buscando dentro de sí alguna cordialidad.

More like a one-man-show kinda a thing. Where’s that leaking at?

Here —dijo el inquilino, palmeando con su mano una parte del techo, abombada y húmeda por la gotera.

Oh, boy! —dijo el techador, pasándose una mano por la cara, con preocupación experta. Se ajustó los pantalones, agujereados y embadurnados de pintura seca y mugre —. Do ya think I can get to the roof from here? —preguntó, señalando la escalera de incendios tras la ventana obstruida por el sillón.

El inquilino quitó el mueble de en medio con un movimiento veloz, casi enfadado. El techador abrió la ventana y pasó sus extremidades de músculos largos hacia el exterior manchando la pared con sus botas gastadas y sucias. Afuera, comenzó a tomar fotografías con su teléfono. Las exclamaciones de descontento, en su voz nasal y cascada, a pesar de ser un hombre joven, no cesaban.

Oh, boy! Oh, boy! This ain´t gonna be easy! Lotta trouble out here! Are you the owner? This is looking bad, boy!

Just renting.

El techador volvió al interior del edificio, pero cuando estuvo con más de medio cuerpo dentro, una de sus enormes botas industriales se atoró en el marco de la ventana y se precipitó al interior, cayendo sobre el cuerpo del inquilino. El inquilino, con velocidad, lo sujetó y lo rechazó en un movimiento continuo y fuerte. El techador, cuando sintió el envión que lo separaba del cuerpo ajeno, repelió el abrazo accidental con un movimiento rápido y preciso, combativo. El inquilino dio un salto eléctrico hacia atrás y colocó su mano izquierda hacia adelante, casi empuñada, tensa; se perfiló, bajando un poco la cadera y levantó la mano derecha a medio cerrar a la altura de su pecho. Aguzó la mirada, la clavó en el techador, que ya recuperaba el equilibrio y había tomado una posición similar, pero con ambas manos empuñadas y la derecha más cerca del mentón. Tensos, mirándose, estuvieron callados un momento.

Easy, boy! I tripped! You’re a bit too jumpy, ain’t ya?

Sorry.

El inquilino bajó las manos cuando el techador lo hizo, lento, con la claridad del que intencionalmente abandona la posición de combate.

You gotta bigger problem out there. That roof ain´t taking no more heavy rains. Jeez! It ain´t even taking any light rains! Chill, boy!

El inquilino asintió y ambos se sostuvieron la mirada.

What was that about, boy? —preguntó el techador, refiriéndose a la veloz manera del inquilino de prepararse para una pelea—. Have ya been in a lotta fights back home?

This is home now.

Gotcha! It is now, but it wasn´t before. You don’t wanna get into a fist fight with this white boy, anyhow, boy! I’ve been around, you know?

El tono del techador aún era ligero, incluso, juguetón. Caminó alrededor de la estancia tocando la pantalla de su teléfono y murmurando palabras que hacían referencia a costos, materiales y pronósticos del tiempo. Súbitamente, guardó su teléfono e hizo una finta, colocándose de nuevo en posición de combate, dejando ver a las claras que bromeaba. El inquilino reasumió su posición, con la mirada inexpresiva, siguiendo el juego y no.

One of my fellas got himself into an MMA gym, d’ya  know MMA, boy?

Mixed Martial Arts.

Atta boy! Some of the guys in the Army like that shit. Keeps ya sharp, ya know?

El techador hizo algunos movimientos, lanzó un jab y un recto, cruzó un codazo de box tailandés con el brazo izquierdo y remató con un rodillazo desde la pierna de atrás.

You should try that shit out. I can tell you need to blow some steam, boy.

Maybe just to keep it sharp.

That’s the spirit! That shit doesn’t go away you know? Come here, let’s try something, just for the heck of it.

El techador se acercó al inquilino, invitándolo con sus manos abiertas, en posición de agarre, a sujetarlo por los hombros, en un ejercicio clásico de gimnasio.

Let’s say you got me grabbed like a second ago, okay?

Se colocaron en una posición similar a la que habían tomado cuando el pequeño tropiezo del techador los contrapuso y el inquilino lo repelió. El inquilino, aún tenso, siguió el juego y sujetó al techador.

You got me like this, right? But I can get you like this!

Rápidamente, el techador sujetó los hombros del inquilino y cruzó una pierna por detrás de la de su oponente; dejó listo al inquilino para el derribo, fuera de balance. El inquilino, conociendo la situación en que lo habían colocado, cambió la posición de sus pies, saltando la zancadilla del techador, y luego lo atrajo hacia sí para envolverlo con las manos, colocando al techador en una posición de estrangulamiento.

You know your shit, boy! —gritó el techador, con una voz súbitamente excitada, risueña, que hacía resaltar su deterioro.

El inquilino percibió el tufo a aguarrás cuando lo soltó y se separó de él. Supuso que el techador percibió su tufo a resaca. Caminaron por la estancia alrededor de un centro imaginario, mirándose. El techador sonreía. Daba pequeños saltos para aflojar el cuerpo. El inquilino sacudía los brazos.

You wanna try something else, boy?

—I don’t think so.

—C’mon! Forget about grappling, how’s your striking?

Let’s give it a try some other day, okay?

El inquilino levantó las manos con las palmas abiertas, luego las dejó caer.

How soon can you get the roof fixed?

C’mon, boy! Are you quitting on me? Back in the Army we hated fucking quitters!

Back home too.

You was in the Army, boy?

Not for long.

Where was that, boy?

Back home, I told you.

I thought this was home, now.

It wasn’t home then.

But it is now, ain’t it boy? Maybe you don’t have the papers, but you have the spirit, right, boy?

El inquilino reasumió la guardia tras el chiste del techador.

—That’s more like it!

El techador marcó una combinación. Dos golpes arriba, jab y recto desde la distancia, lentos, que el inquilino desvió con las manos. Remató con una patada frontal sorpresiva, al plexo, que entró por el hueco de la defensa que los golpes habían abierto. No conectó la patada, pero se contentó con haber opuesto el argumento de autoridad. Seguía pareciendo un juego. El techador estaba divertido.

Jeez, boy! You gotta keep your game sharp! In a real fight that would’ve cost you badly!

I can take a hit. Back home nobody holds back that much.

You wanna bring it up a bit? We can do that, boy!

El techador lanzó la misma combinación. El inquilino desvió los golpes y abrió con descaro la guardia para recibir la patada. Era evidente que había retado al techador a golpearlo, pero éste se contuvo de patear en pleno, aunque conectó claro. De inmediato, el inquilino sujetó la pierna y golpeó con un codo arriba de la rodilla, cerca de los nervios del muslo; aunque también se contuvo, el techador sintió el castigo.

Damn, boy!

El techador liberó la pierna lanzando su cuerpo hacia atrás, en el camino golpeó la mesa de centro, pero apenas esperó antes de volver al ataque. Fintó con la pierna que le habían golpeado, el inquilino se comió la finta y bajó las manos, buscando sujetarla de nuevo. El techador aprovechó el descuido y saltó hacia él; lo sujetó por detrás de la cabeza con ambas manos, jalándolo hacia abajo al tiempo que lanzaba la rodilla hacia el plexo del inquilino. El inquilino cerró la guardia con los codos y sintió el rodillazo en su defensa, lanzado con más fuerza que los golpes anteriores. Sujetó al techador por detrás de la cabeza también y respondió con un rodillazo él mismo, por el costado, a las costillas, que sintió doblarse con el impacto.

Fuck you, boy! —la voz del techador, esta vez, salió con la claridad de un pequeño rugido. Rompieron el abrazo y se estudiaron mientras volvían a caminar uno alrededor del otro.

La puerta que marcaba el fondo de la estancia se abrió y salió una mujer pequeña, morena, en mallas y una blusa ceñida.

—¡Cálmate ya! ¿Qué te pasa? —increpó con autoridad.

Shit, boy! That’s a fine-looking lady you got there!

—Nada, métete. ¡Que te metas!

—Dile que se vaya, pero ya.

Does she fight, boy? She sounds like a fighter!

She would beat the fuck out you. ¡Métete!

Come on, señorita, let’s have a round. You don’t mind, right? Do you, boy?

Hey, back off.

La mujer volvió a la habitación y entornó la puerta, dubitativa.

Hey! Come back! We’re having fun! You wanna give it a try, gorgeous?

El techador fintó un par de golpes hacia ella.

—Go or I call the pólice —dijo la mujer, mirando alternadamente a los dos hombres.

El techador caminó hacia ella a grandes zancadas, ella azotó la puerta. El inquilino empujó al techador hacia la pared. El techador giró y lanzó una patada alta, a la cabeza del inquilino, que cayó sobre la mesa de centro, quebrándola.

Thought you could take a hit, boy!

El techador volteó a la puerta cerrada y la golpeó con la palma de la mano.

—The police! I will call the police! —gritó ella desde dentro.

—They’ll fucking take you in too, you know?! —le respondió el techador mientras forcejeaba con la puerta.

El inquilino se recompuso y se lanzó hacia el techador, prendiéndolo con un abrazo en la zona media. Lo levantó, metió su cadera por un lado alrededor de la cadera del techador, que pataleaba en el aire, y lo azotó contra el suelo, dejando caer su propio peso sobre él. En el piso, se trenzaron en un nudo de llaves y contrallaves; reptaron por la pequeña estancia golpeando los pocos muebles en ella. A veces uno quedaba encima, luego el otro. Sus rostros se enrojecían, ambos soltaban los bufidos cortos de una respiración contenida. Los codos, las rodillas, las caderas, sonaban con la claridad del hueso al dar contra el suelo. Sin embargo, ellos evitaban golpearse, sólo buscaban dominarse. La mujer abrió la puerta. Pedía “¡Suéltalo!”. El techador reía entre los forcejeos con una risa de hiena.

—Call them! Show them your fucking green card, comprende?!

—Enough!

—I wanna have a round with her! She looks fierce!

 La mujer saltó el nudo que eran los dos hombres, buscando el camino hacia la cocina, la calle y el auxilio, pero el techador lanzó un zarpazo que la hizo tropezar. La mujer cayó de bruces. Inmóvil. Pero el techador no soltó su tobillo.

El inquilino, al ver a su mujer derrumbada, sujeta, comenzó a golpear el rostro del techador, que soltó a la mujer para responder al fuego con fuego. El inquilino logró la posición dominante y puso la cadera del techador debajo de la suya. La mujer recuperaba el sentido lentamente. El techador seguía riendo con su risa de hiena, le respondía al inquilino con golpes a la garganta y con dedos que buscaban los ojos; escupía a través de los puños del inquilino, tiraba golpes y volvía las manos a posición de defensa. La saliva mezclada con sangre y rabia bañaba la cara del inquilino. “¡Déjalo!”. La risa seguía. La mujer estaba de pie junto a ellos. Trataba de sujetar al inquilino por los hombros, éste lanzaba un codazo hacia ella cuando se sentía inmovilizado y vulnerable; ella lo evitaba con movimientos veloces y temerosos.

All right, boy! I’m tapping out! I’m tapping out!

Pero el inquilino no se detenía. “¡Déjalo!”

Enough, boy! —la voz del techador se apagaba, entorpecida por el rostro que sangraba y se inflamaba con velocidad. “¡Suéltalo!”. Ella lo golpeaba en la cabeza, pero él no sentía los golpes; ella trataba de atrapar los puños, pero se le escapaban—. Please, boy! Please! —el techador balbucía, se callaba—. I’m beggin’ya!  

El inquilino no dejó de golpear hasta que sintió que toda respuesta se había agotado. Tenía los brazos cansados, los nudillos pelados y cuando bajó el ritmo del golpeo se dio cuenta de que las manos le dolían, pero no podía dejar de empuñarlas. Su mujer al verlo quieto, lo sujetó de los hombros y lo levantó de encima del techador. Inmóvil.

Afuera, el viento se rajaba al pasar entre las ramas desnudas de los árboles. Había enfriado y comenzaba a caer la lluvia. Primero, en lentas gotas livianas; después, en un verdadero chubasco que se colaba al interior del ático por la gotera.

 

*Publicado originalmente en la revista Rio Grande Review. (The University of Texas at El Paso). Primavera 2016. No. 49.

 

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