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Reseñas

El libro salvaje

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Por: Nan Martínez

El libro salvaje es una novela juvenil de la literatura mexicana, escrita por Juan Villoro, escritor y periodista, quien estudió en la UAM. Aficionado al rock, condujo el programa radiofónico “El lado obscuro de la luna” en Radio Ubicación. Nació en la Ciudad de México, en 1956. Ha sido colaborador de numerosos medios, como Vuelta, Nexos, Proceso, Cambio, Unomásuno, La Jornada y Reforma. También ha sido profesor de literatura en la UNAM y profesor invitado en la Universidad de Yale. Participó con Café Tacuba en la escritura de dos canciones. De Villoro destaca su preocupación por establecer un contacto con la juventud. Ha obtenido el premio Herralde (2004) y el Xavier Villaurrutia (1999).

La historia de El libro salvaje comienza cuando Juan, un adolescente sin preocupaciones, recuerda el momento en que un desagradable puré de papa y el repentino tabaquismo de su madre anunciaron una cena con sabor a ceniza y la separación de sus padres. La madre parece no saber cómo reaccionar ante este cambio, muestra una actitud ansiosa y desesperada. Está segura de que necesita un tiempo a solas para recuperar su fortaleza de madre. Durante las vacaciones de verano decide enviar a Carmen, su hija de cinco años, con su mejor amiga, y a Juan a la casona del tío Tito. El ahora exesposo se encuentra demasiado lejos y la madre parece no albergar preocupaciones por ninguno de los tres.

Al principio Juan no acepta la idea de un cambio de casa ni todo lo que conlleva una separación. Por las noches tiene sueños lúcidos que se convierten en pesadillas en las que una mujer sufre y él se angustia. Las circunstancias de esta novela corta o cuento largo obligan a sus personajes a crecer, a enfrentar la realidad, pero sobre todo invita a Juan a la aventura de la lectura. Una lectura que pasará de ser aburrida a ser fantástica y salvaje.

El tío Tito es una persona peculiar, con un modo de hablar ingenioso, divertido y a veces desesperante. Imagínese el lector a un adolescente que aún toma hierro viviendo durante semanas con este excéntrico tío que desde hace años no convive con el mundo exterior y solo lo hace a través de sus miles de libros, escondidos entre los rincones de su enorme casa húmeda.

Un día Juan por fin se da cuenta de que va a vivir en una casona polvienta y laberíntica que parece una biblioteca infinita. Es entonces cuando le propone al tío confesar sus defectos para conocerse mejor, tal como lo haría Sherlock Holmes y el Dr. Watson. Una situación que parece ser bastante aburrida para las vacaciones de un adolescente. De esta forma se entera de que tendrá que soportar la adicción de su tío por el té, su obsesión por la cocina y el nombramiento complicado de sus deliciosos platillos. La situación se pone aún más rara cuando el tío le advierte que los libros ya lo estaban esperando porque últimamente se han movido con más frecuencia de su lugar, cosa que solo hacen ante un “lector prínceps que no es aquel que lee más libros sino el que encuentra más cosas en lo que lee”. Juanito no comprende; cree que su tío se inventa esas cosas tan raras, pero el tío insiste en que los libros son los que piden ser leídos y en que Juan ejerce una fuerza muy especial en su biblioteca viviente. Le entusiasma la idea de que con su ayuda pueda encontrar un mítico libro perdido desde hace muchos años. Uno que no ha podido ser atrapado desde los tiempos de su abuelo.

Durante el primer recorrido por la casona, el tío asegura que “(n)ada tiene tanto carácter como un libro. Una biblioteca es un almario: una colección de almas, sobrino. Los libros se mueven como las almas en los cementerios, para acercarse a alguien o para huir de él”. Así comienza la búsqueda del indomable libro salvaje que parece cobrar vida al escapar y esconderse entre los miles de libros cada vez que es visto.

Durante su estancia en la casa del tío, Juan encuentra lecturas que repentinamente aparecen en secciones que no corresponden, o mejor dicho, se le aparecen, pidiendo ser leídas. Él sigue sus instintos invirtiendo horas en la lectura y moviéndose de un cuarto a otro hasta que se da cuenta de que está perdido dentro de una biblioteca espiral. Gracias a la ayuda de los libros logra salir de la casa, pero las pesadillas vuelven a invadir su mente.

Al pasar las semanas Juanito conoce a Catalina, una muchacha de su edad que atiende la farmacia de enfrente. Inesperadamente se enamora por primera vez, y es gracias al contenido de las obras de la biblioteca del tío que su amistad crece y se hace más fuerte al compartir lo que cada uno percibe de las mismas historias, pues el entendimiento cambia dependiendo del lector. Ambos descubren en cada letra lo importante de no perder detalle. Juntos se encargarán de buscar el libro perdido, una tarea igual de difícil para dos personas que jamás lo han visto. Se reúnen diario con el pretexto de encontrarlo, pero al paso de los días inevitablemente rozan sus pieles y se miran a los ojos con ternura. Intentan ponerle algunas trampas al libro y éste casi es atrapado.

Después de algunas semanas, la búsqueda parece frustrar su relación, pues los días de emociones intensas de las vacaciones están por terminar y el libro apenas ha sido visto durante escasos segundos. El tío teme la partida del sobrino, pues durante semanas aprendieron mucho uno del otro. Pero creen que con la fuerza de todos juntos tal vez el libro se sienta apreciado y deseado de ser leído.

Si por azares del destino o por decisión propia has leído esta reseña, no hay duda de que El libro salvaje te está buscando; ansía que imagines la posibilidad de un mundo en el que “ellos”, los libros, tienen alma y eligen por quién ser leídos. Yo encontré mi libro salvaje en un bazar, pero no imaginé que al leerlo me convertiría en una lectora princeps.

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La fiebre de los días

corre palpitante

sobre un cuerpo de migajas.

 

No sé si es un hombre

esto que habita en mi lengua

o si una gota me dicta

las palabras de otro:

 

Arriba, hay un cielo

hecho a la imagen

de los cerdos.

 

He visto llover tempestades

con la sensación de que

es mi propia sangre

la que escurre sobre

el suelo.

 

Mi lodazal es una casa grande

donde nos revolcamos

sobre héroes y mártires;

donde la sangre se diluye

y se rescata al fondo del café.

Cariño, ojalá pudieras verlo.

 

El talento de los días

consiste en desaparecer sin rastro

como si cada centímetro

fuera un desierto al que nos exilian.

 

¡Qué circo!

 

Yo también he confundido

los años con minutos

y veo cómo los días

desaparecen bajo la alfombra

junto con el sudor de los muertos.

 

Yo ya no puedo decir

con certeza qué está más vacío,

si el vino derramado

o la boca que lo consume.

 

*Polet Andrade G. (Morelia, Mich. 1994) Ha sido guionista, storyboardista, artista y escritora. Actualmente es poeta de tiempo completo y está felizmente desempleada.

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