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Eventos

Presentación: Mina y Leoncito Rex de Armando Salgado

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Del autor Armando Salgado y el ilustrador Ángel Pahuamba, los libros infantiles MINA y LEONCITO REX se presentarán en Galeería para el entretenimiento de chicos y grandes. ¡Habrá juegos, cuentacuentos y firma de libros!

Sábado 2 de septiembre. 17:00 horas.
Av. Madero Oriente 567 Col. Centro, Morelia Michoacán.

Invitación al evento por Facebook, aquí.

MINA

Mina es una gata albina muy inquieta, habla gatoñol, es fantasmagórica y le gusta dar rasguños que son abrazos. Un día encontró un nido abandonado con tres pájaros de nombres muy extraños, otro cuidó a unos gatitos de un orfanato. Tiene, también, nueve vidas por mostrar. En este libro encontrarás que la luna usa antifaz y el sol asoma sus bigotes, que Mino ama a Mina, que hay pingüinos que sueltan estrellas en el mar, que los días de un gato son más interesantes de lo que puedas imaginar, y que las ratas, ah las ratas, son las culpables de casi todo.

 

LEONCITO REX

La infancia es asombro. Ahí transcurre la vida entre lo macabro y lo maravilloso; una sorpresa diaria mientras nos desplegamos como niños… y como adultos y como ancianos, porque la infancia es un estado latente donde ya habita todo lo que seremos. Los niños no son inocentes, el mundo no les ocurre: ellos son culpables de toda la hermosura y la malicia de los insectos y las nubes. Justo por esto Leoncito Rex es conmovedor, un poema gráfico que da voz sin juzgar; que se adentra con fiera ternura en los trasiegos de un mundo de posibilidades que no ha sido mutilado de imaginación (esa “fortaleza invisible”). El niño que lo lea se sentirá pleno en un territorio que conoce; el adulto, será desnudado para regresar a su semilla.

          

 

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Misceláneo

Gioconda

gio

Por: Norma Maritza Vázquez

 

Mona se despertó cansada, más de cinco siglos de no decir la tenían harta, una vida rutinaria, mantener una sonrisa inoxidable, la depilación frecuente, y un pesado velo de castidad, su imagen estaba desgastada, desde hacía tiempo había empezado a odiar ser esa, la que estaba pintada. Definitivamente tendría que hacer algo, limpió la cocina después del desayuno, luego se acercó a Leonardo, quien en ese momento leía el diario, él giró la mirada y le sonrió con ternura, Leonardo seguía siendo un genio barroco, aunque ahora se dedicaba a los negocios. Quiero dejar Paris, quiero dejar de ser un cuadro en Louvre, dijo Mona. Leonardo la miró sorprendido: ¿De qué estás hablando?

Ven, le dijo ella, y lo tomó de la mano para conducirlo por el pasillo. Desde su creación hasta ahora, La Salpêtrière ha cambiado, sin embargo, no termino por sentirme cómoda, me molesta que sólo me autoricen las salidas al museo y que la mayor parte de las regalías sean en beneficio de este recinto, de la hospitalidad y la atención, no me quejo, de hecho el cocinero que contrataron actualmente ha mejorado los menús, adoro sus Big Steamed Mussels pero bien sabes que puedo durar meses sin probar bocado, por lo que una buena cocina no es una razón suficiente para quedarme, espero que mi sinceridad no te ofenda, sé que desde mi llegada a Francia te has hecho cargo de mí y me has procurado  extremos cuidados con la temperatura ambiental, la luz y el nivel de humedad para conservarme en perfecto estado, no obstante espero que mi fama haya retribuido tu generosidad con el reconocimiento merecido y una buena cantidad en tu bolsillo. Extrañaré tu buen sentido del humor, aunque sabes que mi sonrisa enigmática tiene más origen en el rubor que te causaba mirarme las piernas. Por otro lado, no dije nunca, las reglas aquí son ofensivas. Me he preguntado ¿por qué tanta rigidez en los horarios?, ¿por qué las puertas se cierran a las seis de la tarde?, ¿por qué las paredes tan frías? Si no fuera por ti, no permitiría que me tomaran como parte del decorado de tu cuarto. ¡Ah!, cuánta vida la de los residentes del pabellón de neurología, pero son arrogantes, sus voces son imperativas, no soporto su actitud en las consultas, temo que un día me salgan con que me trasladarán con el neurocirujano, espero entiendas cómo me siento, me iré, salta a la vista que no te agrada lo que te estoy diciendo, lo sé por la manera en que frunces el ceño, nada podemos ocultarnos, Leonardo, lo nuestro desde un inicio fue una especie de amor profundo, un amor cortés, una conexión telepática entre el artista y su obra. Siempre fuiste perfeccionista, pero eso nada te costaba, es tu naturaleza, en cambio a mí, llevo siglos con este mismo gesto, pero, sobre todo, este no decir es el que ha terminado por colmar mi paciencia, te confesaré algo, Paris no es mi sitio, nunca lo fue, pero lo que más quiero es que la gente deje de mirarme enmarcada, irme de aquí, ser una mujer anónima, decir lo que se me dé la gana, me voy, Leonardo, pero debes guardar el secreto o empezarán a buscarme, dame tiempo de llegar a la Parodia del Bosque sagrado, ahí decidiré lo que sigue, a ti quizá te haría bien volver a pintar, no lo sé, es un decir.

Por minutos, se hizo un silencio, luego entró el enfermero: Bon jour, Monsieur, ¿cómo se siente? Le tomaremos la presión arterial, hoy es un lindo día, abriré las ventanas.

Un brillante sol matutino entró e iluminó un cuadro vacío frente a la cama.

 

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Poesía

Tres Poemas

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