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Narrativa

Cuento – El origen

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Por: Selene Maldonado López

Desperté empapada en llanto, tenía entonces sólo nueve años. Corrí al cuarto de mi madre y le conté mi sueño todavía vivo, que por unos segundos me mantuvo contenida en una apnea justo antes de despertar. Soñaba que con violencia rompían puertas y ventanas, vaciaban nuestra casa, nos perseguían. Yo corría mientras observaba la ciudad incendiada, por todos lados veía rostros con miedo y hambre. Entonces, mi madre me acogió en la cama a su lado, me envolvió en sus brazos tibios, y me narró la historia de Helena, su hermana mayor que murió cuando mamá apenas empezaba a entender el mundo.

Hija, antes de que Helena falleciera tenía varios días sin lograr dormir bien, decía que algunas noches cerraba los ojos y entonces se abrían las pesadillas. Un día, así nada más, se quedó como atrapada en un profundo sueño. En ese momento pensamos que su muerte era lo peor y mas extraño que nos había pasado. No hallábamos explicación ni consuelo. Todos alrededor de su cama observamos por largos minutos su cuerpo aún flexible. Luego clavamos la mirada al suelo como si la gravedad hubiera sido hecha sólo para nuestros ojos. Yo trataba de formular las preguntas correctas para después encontrar respuestas.

De pronto, nuestras miradas húmedas fueron atraídas por el espacio que iba ocupando el vientre de Helena mientras se hinchaba rápidamente. Y como si sus delirios nocturnos estuvieran a punto de materializarse, ocurrió lo mismo con sus extremidades y su cabeza. Algo parecía moverse dentro de ella, de su cuerpo salía un rumor como de mandíbulas y dientes. Sin poder desviar la mirada vimos cómo de su vagina y ano comenzaron a salir, como gusanos, lo que parecían ser extremidades de otro cuerpo, que enseguida se reconocieron y se unieron formando un nuevo ser, de corta estatura, magro, envuelto en una piel clara, lisa, casi aterciopelada. Ese cuerpo era coronado con una cabeza de nariz prominente y ojos pequeños que se abrieron después de parecer recobrar consciencia de que estaba ahí. De reojo vi el cuerpo de Helena, la piel estirada hasta el extremo ahora totalmente flácida como un globo sin aire, como si dentro de ella no hubiera quedado nada, ni carne, ni huesos.

Los ojos de la criatura nos recorrieron uno a uno, yo apenas me podía sostener  por el temblor de mis piernas. Nadie se movió por un buen rato, hasta que Raúl rompió nuestro estado pétreo dando el primer movimiento, de lado avanzó unos pasos hasta llegar a la puerta para salir del cuarto, con menos lentitud lo seguimos los demás, y al final, el pequeño cuerpo nos siguió. Nadie sabía qué hacer, incluso aquella criatura tampoco parecía saber por qué estaba ahí. Esperaba a que nosotros hiciéramos algún movimiento, alguna acción, para realizar la misma, como si fuera un espejo.

Después de un tiempo lo dejamos de percibir como un intruso, o siquiera como algo vivo, más bien nos empezó a parecer como una sombra. Al principio ese ser pequeño y mudo no salía de la casa, y cuando regresábamos estaba en la misma posición de cuando nos fuimos.

Tiempo después comenzamos a ver mas de esos seres en la calle, les decíamos los imitadores. Vivían poco y se reproducían mucho. Todos nos acostumbramos, de manera que no nos dimos cuenta cuándo parecieron tomar conciencia propia. Aprendieron a hablar nuestras lenguas, nuestros oficios, luego formaron sus propias costumbres y hogares. Con el tiempo impusieron sus leyes, hasta someternos, para entonces nosotros ya éramos menos. Nos hicieron la guerra, hasta desterrarnos. Entonces se proclamaron la especie humana, los habitantes de la Tierra.

Mi madre respiró profundo, luego soltó el aire como quien se deshace de un gran peso y continúa, nosotros colonizamos el mundo subterráneo, éste ahora es nuestro hogar, pero es sabido que todos los seres permanecemos conectados por medio de los sueños. Nos derrotaron en la tierra, pero en realidad, ellos siguen siendo los imitadores, pero ahora de nuestros sueños. Tus pesadillas y sueños más estremecedores alguien más los vive allá arriba. Sus paisajes están hechos de nuestra más desbordada imaginación, sus guerras de nuestros rencores, sus muertes de nuestra ira, el movimiento de sus cuerpos son nuestras ideas.

Me acaricia mi cabeza escamosa y continúa, olvida esa pesadilla, duerme tranquila, tu realidad es que estás aquí conmigo ahora, todo está bien, tu sueño es la realidad de otros. Me quedé callada por varios minutos,  cuando entendí lo que me decía sonreí con todo el cuerpo. Tomé su mano de escamas obscuras y surcos espesos, y entre sus brazos me volví a dormir.

Mientras tanto, en el mundo existente debajo de los subterráneos, una niña sueña que muere una mujer de cuerpo extraño cubierto de escamas; y que de su vagina y ano salen, como gusanos, lo que parecen ser extremidades de otro cuerpo que enseguida se reconocen y forman un nuevo ser. Entonces despierta de súbito con la cara empapada de llanto.

 

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Poesía

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Reseñas

El imperio de la fortuna

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Por: Víctor Manuel López Ortega

 

El Imperio de la Fortuna es una producción mexicana de 1986 dirigida por Arturo Ripstein (célebre por cintas como El Castillo de la Pureza, El Lugar sin Límites, Principio y Fin, Profundo Carmesí, entre otras), protagonizada por Ernesto Gómez Cruz, Blanca Guerra y Alejandro Parodi, con guion de Paz Alicia Garciadiego, y argumento de Juan Rulfo, basándose en su segunda y última novela, El Gallo de Oro (escrita entre 1956 y 1958, registrada en la oficina derechos de autor en 1959).

Cabe mencionar que a El Gallo de Oro, aunque Rulfo no la escribió a manera de novela o guion cinematográfico, sí la concibió con la idea de que fuese llevada al cine, lo cual sucedió por vez primera en 1964, con la película homónima dirigida por Roberto Gavaldón, protagonizada por Ignacio López Tarso, Lucha Villa y Narciso Busquets, y guion de Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez y Roberto Gavaldón.

Después de muchos años de haberse estrenado el filme de Gavaldón, el argumento de Juan Rulfo por fin fue publicado como novela en 1980.

El Imperio de la Fortuna mantiene en gran medida el contexto rural característico en la narrativa de Rulfo, pero sitúa la trama en los años ochenta del siglo pasado, lo cual significa una actualización del ambiente en que la historia original y su primera adaptación cinematográfica se desarrollan, sin que esto signifique que la ubicación cronotópica del filme esté fuera de contexto.

En la obra de Arturo Ripstein, Dionisio Pinzón (interpretado por Ernesto Gómez Cruz) es un pregonero tullido de una mano que vive en un jacal junto a su madre enferma en el pueblo de San Miguel del Milagro. Aunque Dionisio desempeña bien su trabajo, nadie se lo remunera, ni siquiera el sacerdote del pueblo. La impotencia que el protagonista siente al no tener dinero para dar cristiana sepultura a su madre que muere en las primeras escenas, lo motivan a buscar una manera de superar la pobreza. Lo cual parece casi imposible, si tomamos en cuenta otros relatos de Rulfo, como, por ejemplo, Es que somos muy pobres o Nos han dado la tierra.

No obstante, contra todo pronóstico, la suerte del pregonero comienza a cambiar a partir de que salva del sacrificio a un gallo de pelea herido que le regalan en una feria. El gallero accede a dárselo para que se lo coma, pero Dionisio lo cura, lo entrena y se lo lleva de vuelta a los palenques, consigue quien se lo apadrine y empieza a ganar un porcentaje de comisión por cada triunfo.

En las ferias en diferentes pueblos a las que Dionisio va, ya sea como pregonero o como gallero, conoce a Bernarda Cutiño, La Caponera (interpretada por Blanca Guerra), una cantante muy atractiva quien al principio lo rechaza, pero después, intenta seducirlo para que venda su gallo a su amante, don Lorenzo Benavides (interpretado por Alejandro Parodi), un tahúr mucho mayor que ella, y después, cuando su gallo de oro es derrotado en combate y muere, para que entrene a los gallos de pelea de este señor, quien también introducirá a Dionisio en los juegos de azar y las apuestas.

Más adelante, La Caponera, harta de sus amoríos con Lorenzo Benavides, entabla una relación sentimental con Dionisio, quien, al igual que don Lorenzo, cree que ella es su talismán de buena suerte. Dionisio se casa con ella, retirándola de su vida licenciosa y teniéndola cerca en cada partida de cartas. Tal parece que la fortuna favorece a Dionisio durante los siguientes años, es el hombre más rico del pueblo y tiene a la mujer que quiere, con quien además engendra una hija. Sin embargo, La Caponera ha pasado de dominante a dominada y esto la hace sentir infeliz y prisionera, esta vez de Dionisio. Intenta fugarse de su realidad, pero acaba descubriendo que el paso del tiempo no perdona y ya no puede recuperar su modo de vida de cuando era joven.

Tanto Dionisio como La Caponera como Don Lorenzo, y otros personajes secundarios, presentan una intriga de degradación, en la que su desarrollo en lugar de ser positivo a lo largo de la historia, es negativo, hundiéndose cada vez más en los antivalores, lo que los conduce a un destino trágico como consecuencia de la inmoralidad de sus actos.

Si atendemos a la interpretación de que si uno se conforma con lo que tiene y no busca prosperar, se quedará siempre en el mismo sitio; me atrevo a decir que el personaje de Dionisio es admirable porque luchó para cambiar su destino y fue capaz de dejar atrás la pobreza al haber tenido la visión de rehabilitar a un gallo moribundo, convirtiéndolo en ganador. Su perdición estuvo en no haber puesto un freno a sus ambiciones a tiempo y al no haberse dado cuenta de que los juegos de azar a la larga lo destruirían, tal como lo anticipó el tiro de gracia que el mismo Dionisio propinó a su mentor, don Lorenzo Benavides, al despojarlo de la hacienda Santa Gertrudis y de su amante.

Los juegos de azar y la suerte son los ejes temáticos fundamentales en la trama de esta película, más realista, por su crudeza, que el argumento original de Juan Rulfo. La premisa sobre la cual están sustentadas El gallo de oro y El Imperio de la Fortuna bien podría ser la siguiente:

Quien hace una fortuna de manera mal habida, basada en los juegos de azar, la perderá abrupta y malamente también.

El realismo mágico de Rulfo en El gallo de oro y, por ende, en El Imperio de la Fortuna, radica en que no parece posible que grandes fortunas se obtengan y se pierdan por la afición por los juegos de azar. Sin embargo, en estos ambientes y en aquellas épocas, me queda la impresión de que estas ruinas financieras eran tan reales como los fraudes fiscales millonarios de Wall Street que se destaparon en 2008 y generaron una serie de bancarrotas.

El Imperio de la Fortuna es una versión bastante fiel al argumento original de Rulfo. A diferencia de la película de 1964, la versión de Ripstein sólo se permite algunas licencias creativas, siendo la temporalidad la más evidente. Se trata de un drama al estilo de las grandes tragedias clásicas, universal por el asunto que muestra, pero con una identidad mexicana profunda.

Para finalizar, quiero destacar que El Imperio de la Fortuna ganó 8 Premios Ariel en 1987: Mejor Película, Mejor Dirección, Arturo Ripstein, Mejor Actuación Masculina – Ernesto Gómez Cruz, Mejor Coactuación Masculina – Alejandro Parodi, Mejor Actor de Cuadro – Ernesto Yáñez, Mejor Argumento Original – Juan Rulfo (reconocimiento póstumo), Mejor Edición – Carlos Savage, y Mejor Ambientación – Ana Sánchez y Patrick Pasquier. Adicionalmente, obtuvo dos nominaciones más: Mejor Actuación Femenina – Blanca Guerra, y Mejor Tema Musical.

No ahondaré en más valoraciones personales para que cada uno de ustedes juzgue por sí mismos. Disfruten la función.

 

Película presentada por Víctor López el 16 de mayo de 2017, durante el ciclo El Cine en Llamas.

 

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