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Poesía

Poesía – Desnudez cortada en mar

Por: Armando Salgado

Del libro Fiebrerías (Diablura Ediciones, 2014)

 

    Ella se desnuda en el paraíso

de su memoria.

 Alejandra Pizarnik

 

 

1

Mi nariz escamea cierta humedad. Un algodón la descansa. Sofoqué la hemorragia y no el regreso. El estrés goteó mis dientes. Dentro de mi corazón hay un ciervo rojo sin pastizal. Un rastro de alfileres surcando nuestra sangre.

Hace calor.

Abrir. Guardar como… Disparos. Gritos. Rewind. Limpié mi sudor ¾mar eclipsado¾. Las venas como albatros en nariz escurriendo olas sin click. Descuartizas la niebla, la cama, la escollera. El mar es un animal con historias de sal bajo la piel.


 

 

2

 

Nada sucede mientras el hecho ocurre.

 Salvador Elizondo

 

En otras líneas el café se encaja en la mesa y te desnudas al latir un Nothing Else Matters. Subo el volumen de la hiedra. Agito los cuartos en  z i g  z a g, el barco cruzando mis brazos. Cuelgo la camisa, me quito la cabeza, entierro mis manos junto a ti. Nace la deriva —tu ropa interior inhalando mi nariz—. Te dije que dejaras Farabeuf, el Marqués de Sade era suficiente. Me arropaste con tus velas. Ante la serenidad, bajaste el cristal de mi pantalón y abriste la música del cierre. El mar escurría por tus piernas. Sabíamos que lo más importante en la cama era la posición del olor: “…los pasos de Farabeuf subiendo la escalera…”.

 

3

Limpio mi nariz. El océano con forma de cangrejos entra por mi fosa nasal. Elizondo muerde tu escote. En Valparaíso arrancó la raíz de nuestra orgía —mar con cuatro cabezas—: tú, yo, Farabeuf y tu proyecto de izquierda. El Hostal Ultramarino era el cuartel para desnudarnos. Cayeron cristales y la portada de este libro nos cortó. Ni Elizondo ni tú pudieron salvarse. Te escribí varada en mi saliva, a un nudo del puerto lejos de mi fiebre. Él se escribió delante del hecho para confesar las corrientes que citan lo invisible: un disparo de tu vientre en mi nariz. Quemaste mis barcos. Con los restos tracé una línea de mar y las partes que resguardan el sudor “…y es que la naturaleza del hecho es más importante que el hecho mismo…”. Elizondo partió su arribo: “…Farabeuf cruzó el umbral de la puerta, ella, sentada al fondo del pasillo…” y tú, al otro lado del malecón, descasada, destazada.

 

 

4

Leo mi sangre como adivinando las coordenadas de una ouija o el futuro o “…l impossibilité de l instant”. Leo las manos del mar para saber el peso de la encrucijada: “…¿no alude este hecho a la dualidad antagónica del mundo que expresan las líneas continuas y las líneas rotas…?”. Nos empapamos con la tabla de la decisión. Forramos con fusil nuestros cuerpos, en cruz los pezones. Abrí el soundtrack de la fiebre y colgaste sobre la estufa un cuadro del MST. Te fuiste a Sao Paulo. Ideóloga, desnuda, activista. La utopía de liberar aire dentro de una bolsa de plástico simplemente se tronó: “…como si su verdadera naturaleza no fuera otra que la de acontecer, sin más…” como línea de la vida —del mar y de ti— rumbo a este acantilado.   


 

5

Abro la nevera, caen tus piernas, tu lengua, tus ojos, —los devoro—: “…el nombre fue lo que ella dijo…” Leo Presente de Infinitivo y cito su pezón en partes. Antes de perderte dejaste Farabeuf debajo de mi cama, bajo llave entre mi sueño. Nunca regresarías al contexto de mi boca —unidad de tus pechos— para decir un orgasmo. Flash back. Guardar como… Otra vez. Tú. Respiro el mar de cabeza y su exhalación. Vislumbro tus senos que se desvanecen como barcos en el horizonte. Antes de partir escribiré otra nota para el refrigerador:

 

Hay que darle color a lo morido. 

 

 

SEMICH

Autor SEMICH

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