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Poesía

Tanque de tormentas

Por: Cristina Bustamante

 

I
La lluvia es un performance.
Se escurre lenta por las ciudades golpeadas, sucias, malditas, arrastrándose por las paredes llenas de huecos y mordeduras de ratas. Se resbala hasta los estanques donde se funden los líquidos de todos y los limpia, les pone sal y los duerme. Se escurre inquieta por las ciudades malditas, sucias, suicidas, arrastrándose por las paredes de vidrio que son cajas que guardan oficinistas en ayunas.

Se escurre sobre sí misma, se invade a sí misma.
Canta la banda sonora de los desvelos.

 
II
La lluvia es una hipótesis.
Supongo lo imposible para sacar de ello una o más consecuencias.
Hay en las grietas de las ciudades cúmulos de besos perdidos, besos escurridos con la lluvia que pegó en la cara de los transeúntes, de las sombras ambulantes, de panes que no esponjaron, de anticongelante que no quitó el frío, de tiempo que corrió muy rápido y no compitió con nadie porque no hubo nadie a su lado.
El primer elemento A es la causa del segundo B. Lloviste encima (A), entonces refrescaste (B) la capa de asfalto quemado por los pasos de los transeúntes, de las sombras ambulantes, la marcha hirviente del tiempo que corrió muy rápido y no advirtió sus planes, las arrugas que comenzaron a asomarse y pusieron entre paréntesis la sonrisa, la boca hinchada por tu lluvia, dilatada por tu lluvia. Tú (A) y la lluvia (B).

 
III
La lluvia fue un vapor.
Traigo los ojos empañados y los mapas desteñidos.
Me tallo los párpados para quitar el polvo de los días pasados y encender las luces. No veo nada pero te supongo, puedo olerte desde el otro lado de la habitación, puedo sentir el pulso de tu silencio.
Puedo.

El agua amplifica los sonidos, la noche amplifica los vacíos, la lluvia amplifica los aullidos. El aliento no se atrapa con las manos pero las entibia. Como tú.

Los relámpagos son la clave morse del cielo.
– Dile que lo quiero -le digo. Espero que me entienda.

SEMICH

Autor SEMICH

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