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Reseñas

Un libro de patos

Por: Alfredo Carrera

“Los veranos”

Flavio Lo Presti

17g editora

Buenos Aires, 2018

 

Un trío de patos vistos de reojo me detuvo en una esquina de la ciudad de La Plata. Era una librería casi camuflada. Toqué el timbre de Malisia y compré el libro Los veranos de Flavio Lo Presti por la bellísima portada azul con las tres aves al centro. Me prometí que de no gustarme la novela cambiaría un poco la anécdota: me habría equivocado al pagar o había recibido pato por liebre. Como no queriendo lo dejé unos días a lado de la cama, que fuera un cuadro más en el monoambiente.

Ocho días después lo abrí, “leo la primera página a ver si atrapa” me dije. Un epígrafe de Stephen King: “El calendario mentía. El verano sería mucho más largo que la suma de sus días”, después el primer título “La ballena blanca” y abajo el uno en número romano. Avance unas páginas de pie, a un costado de la cama: un tipo toma unas vacaciones con alguien que no soporta, sin mencionarnos sus motivos, a cada paso el viaje se vuelve más difícil y sentí que la historia tenía demasiada velocidad para ser una novela, apareció un número dos romano, unas páginas y la anécdota cierra. “Esto no anda más”, me dije, es un cuento. Fui a la contraportada para leer las primeras dos palabras nada más: “Los relatos…”.

Revisé el índice, la página legal, quién era ese Flavio (el librero me dijo que era muy bueno y que ahí tenía más libros, pero no encontró ninguno, creo que todavía no sabe quién es) y lo que quedaba entonces era leer el resto de los cuentos.

Los personajes que viven en los veranos son los derrotados, los tristes, los aventados para adelante a pesar de las patéticas figuras paternas que les han tocado y ante cualquier cosa son los que construyen lazos con las otras personas, son cuentos construidos desde los otros: en los veranos nos vamos de vacaciones y el mundo decide por nosotros un poco más de lo que quisiéramos.

“Los veranos”, el cuento que le da título al libro, atrapó especialmente mi atención, es un cuento largo, con una anécdota que daría para una novela breve, pero cerrado de manera extraordinaria: lo que puede generar la presencia de tres brasileras en un barrio, la pubertad a todo, un sapo, una diabetes; pero básicamente es un cuento sobre la cobardía acentuada en una sola decisión, aunque no hubiera camino para otra.

La portada en ese azul claro no tiene mucho que ver con su contenido, qué bueno, es sólo para engatusar a los ingenuos. Son siete veranos, siete cuentos, cuyo centro podría ser la estación, creo que el asunto tiene que ver más con la familia, el padre de familia como un centro totalmente desdibujado, los hijos como resultados a esa operación de años que se llama hogar y esos amores de verano que tocan a los involucrados.

En “Los patos” nos lleva de la mano un narrador a conocer la primera infancia de su padre, un niño con tintes de superdotado, pero un abuelo incapaz de entenderlo. El niño se convierte en un amaestrador de esas aves, busca una respuesta para acercarse al mundo, todo desde la vista lejana de un hijo que conoce el resultado final y la historia de oídas. Un chisme familiar grueso con momentos oscuros imposibles de iluminar años después.

“Los veranos” también es un regreso a casa, recorrer el mínimo nido, la casa en decadencia, los espacios ajenos que parecen propios y los propios que nunca nos han pertenecido. El tema está explorado en “Hospitalidad” y “Ratonera”, de manera profunda el primero es un ensayo sobre los motivos para nombrar a un edificio casa y una horda de lunáticos familia.

Finalmente “El sentido de la orientación” y “Una experiencia religiosa” son la exploración sobre las fotografías que las personas eliminan del celular, de las páginas de diario que no olvidamos, pero quisiéramos no haber vivido porque clarifican el futuro.

Flavio Lo Presti escribió un libro sobre esos momentos en que la vida da un vuelco, sobre esas personas que se cruzan en nuestra vida (un minuto o años) y nos la transforman para siempre: si hace un pequeño esfuerzo, cierra los ojos, recordará un rostro en automático que quiere desaparecer de su memoria. Bastará decir, sobre la forma, que el libro se lee en un momento y sin dificultades; aunque en la cabeza nos haga volver sobre nuestro pasos durante los últimos veranos.

 

Bonus track

(Fragmentos del libro)

“El primer caído en la carrera por el amor de las brasileras fue Hugo Fantini. No fue lindo: el diagnóstico era cáncer testicular. Pasó meses internado y fue operado en el Sanatorio Allende para convalecer después en su casa, molestado por las visitas. Era flaco y ojeroso y además recatado y obediente, su único atractivo radicaba en ser un humano completo: después de la significativa desaparición del testículo, ese atractivo se había esfumado. Creo que me alegré con un pensamiento mezquino: uno menos.”

“Esa semana comprendí que el mundo es una máquina de odiar.”

“Yo ya era lo que soy, docente, periodista de cultura, ejercía esos trabajos que están a mitad de camino entre dar orgullo y vergüenza.”

“Fue una especie de túnel: desde que entré a su casa y hablamos de literatura por primera vez, comimos unos fideos con aceite de oliva y nos despedimos en la puerta, prácticamente nos vimos todos los días hasta que empezamos a convivir. “

“Era lógico: yo mismo había sido un niño aterrorizado, inseguro, y después de ser un joven confundido me había alcanzado una enfermedad de la que, cada dos por tres, alguien con propensión al esoterismo me hacía responsable.”

 

Acá un cuento del libro:

https://www.eternacadencia.com.ar/blog/ficcion/item/hospitalidad-un-cuento-de-favio-lo-presti.html

SEMICH

Autor SEMICH

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